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ISSN: 1666–6186 / E-ISSN: 1853–3655

Cuaderno Urbano Nº32 | Año: 2022 | Vol. 32

ARTÍCULO DE FONDO

Vivienda estatal y organización territorial en el Gran Buenos Aires. Los casos de Avellaneda y Vicente López, 1946-1955

State housing and territorial organization in Gran Buenos Aires. The case of Avellaneda y Vicente López, 1946-1955

Moradia pública e oganização do território no Gran Buenos Aires. Os casos de Avellaneda y Vicente López, 1946-1955

Rosa Aboy

Arquitecta UBA. Magíster en Investigación Histórica y doctora en Historia Moderna. Profesora titular regular de la Universidad de Buenos Aires. Directora de la Maestría en Estudios Urbanos y de la Vivienda en América Latina, MEUVAL-FADU-UBA. Directora del Centro de Investigaciones de Historia de la Vivienda en América Latina, CEIHVAL-IEH-UBA. Profesora investigadora categorizada Categoría I. Integrante de la Comisión de Posdoctorado FADU-UBA.
rosa.aboy@fadu.uba.ar / rosaboy@gmail.com

Resumen

En este artículo se analizan las políticas habitacionales llevadas a cabo en dos municipios del Gran Buenos Aires durante el período 1946-1955, cuando, fundamentalmente bajo la gobernación de Domingo Mercante, se construyeron numerosos conjuntos de vivienda estatal. Tratándose de una investigación en curso, este trabajo presenta perspectivas analíticas e interpretaciones no concluyentes, enfocadas en las políticas urbanas, en la organización social y en la dimensión espacial y territorial de los barrios obreros del período, en los partidos de Avellaneda y Vicente López. Este primer análisis adopta una perspectiva doble y complementaria: por una parte, los conjuntos de vivienda estatal se analizan bajo la luz de la historia de la urbanística y la arquitectura y, por otra, enfocando la dimensión histórica de las políticas públicas y sociales durante el peronismo clásico.

Palabras clave

Vivienda obrera; Gran Buenos Aires; peronismo; políticas habitacionales.

Abstract

This article analyzes public housing policies in Greater Buenos Aires in the years when Domingo Mercante, the Governor of Buenos Aires Province, built many many state housing complexes. As a part of an in progress research, this article presents not conclusive interpretations focused on urban policies, social and spatial organization of working class neighborhoods, in this period, in Avellaneda and Vicente Lopez. This first approach adopts a double and complementary perspective: on the one hand, the state housing complexes are analyzed within the frame of urban and architectural history and on the other, focused on the historical dimension of public and social policies under the classic Peronism.

Keywords

Working class housing; Gran Buenos Aires; Peronism; housing policies.

Resumo

Este artigo analisa as políticas habitacionais realizadas em dois municípios do Gran Buenos Aires: Avellaneda y Vicente López, durante o período 1946-1955, quando, fundamentalmente sob o governo de Domingo Mercante, foram construídos numerosos conjuntos habitacionais estatais. Sendo uma investigação em andamento, este trabalho apresenta perspectivas analíticas e interpretações inconclusivas, centradas nas políticas urbanas, na organização social e na dimensão espacial e territorial dos bairros populares do período. Esta primeira análise adota uma perspectiva dupla e complementar: por um lado, os conjuntos habitacionais estaduais são analisados à luz da história do planejamento urbano e da arquitetura e, por outro, com foco na dimensão histórica das políticas públicas e sociais durante o peronismo clássico.

Palavras-chave

Moradia dos trabalhadores; Gran Buenos Aires; peronismo; políticas de habitação.


DOI: https://doi.org/10.30972/crn.32325959


Introducción

Para mediados del siglo XX, las migraciones en busca de mejores condiciones de vida y de empleo, desde diferentes provincias de la Argentina, tuvieron como destino el área urbana y suburbana de Buenos Aires. Estas dinámicas agravaron problemas preexistentes de falta de infraestructura habitacional, de equipamientos y transportes. La concentración urbana determinó condiciones habitacionales precarias e insalubres para muchas personas y familias trabajadoras. Estos sectores sociales fueron objeto no excluyente, pero sí prioritario, de las políticas públicas de ampliación de derechos del primer peronismo, en el campo de la vivienda.

En ese marco, el objeto de este artículo es enfocar las políticas habitacionales llevadas a cabo en el período 1946-1955, en el cual la obra pública, fundamentalmente bajo la gobernación de Domingo Mercante, recibió un impulso que resultó en la materialización de barrios obreros en diferentes partidos de lo que entonces se denominaba Gran Buenos Aires. Dado que se trata del avance de una investigación en curso, en este artículo se presentan perspectivas analíticas e interpretaciones no concluyentes, a la luz de los hallazgos producidos (todavía fragmentarios y en progreso), de la bibliografía disponible y de los trabajos previos de nuestro grupo de investigación.

Desde 2016, un grupo de investigadores, becarios y pasantes hemos dado forma a la tarea pionera de relevar las políticas habitacionales en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que tuvieron lugar en el siglo XX. En este artículo, mi atención está centrada en los años de la segunda posguerra, cuando muchos estados —desde diferentes tradiciones políticas, configuraciones socioeconómicas y perspectivas urbanísticas— se involucraron en la producción de vivienda obrera. Estos sucesos coincidieron, en la Argentina, con lo que Juan Carlos Torre ha dado en llamar “los años peronistas”, en estricta referencia temporal y conceptual al modelo de Estado promovido en las dos primeras presidencias de Juan Perón (Torre, 2002).

Posteriormente, entre 2017 y 2018, un convenio entre nuestra universidad y la Subsecretaría de Asuntos Interjurisdiccionales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hizo posible articular con autoridades de los diferentes municipios el rastreo territorial de los distintos barrios obreros  construidos en el período en estudio1. Esta circunstancia resultó una ayuda importantísima para el avance de la investigación, puesto que el trabajo de campo y los contactos con funcionarios y habitantes proporcionaron información valiosa sobre los conjuntos del período. Así, supimos que muchos documentos gráficos, fotográficos y escritos habían sido destruidos o bien resultaban inhallables debido a las subdivisiones de los antiguos municipios y los consecuentes cambios administrativos, políticos y jurisdiccionales, que no fueron de la mano de una adecuada preservación documental.

Las herramientas para la recolección de fuentes que se utilizan en este trabajo apelan a metodologías diversas. Por una parte, se realizó una búsqueda documental en archivos provinciales en la ciudad de La Plata y en los archivos de los diferentes municipios, aunque en pocos fue posible encontrar documentación gráfica, fotográfica o escrita de los conjuntos de vivienda del período. En algunos casos, esa ausencia fue complementada con fuentes orales, mediante entrevistas a funcionarios y a habitantes. Frecuentemente, las entrevistas a empleados de los municipios dieron orientación hacia los conjuntos. La metodología cualitativa descrita fue acompañada de métodos de análisis cuantitativo aplicado a censos nacionales y provinciales. Asimismo, esta investigación emplea herramientas de geolocalización, habituales en los estudios urbanos de base geográfica, que posibilitaron comprobar la existencia en la trama urbana de diversos municipios de conjuntos a los que nos guiaron las fuentes orales. El análisis georreferenciado y de imágenes aéreas del período permite, además, ver los procesos de asimilación y segregación que han tenido estos barrios respecto de la trama urbana circundante. En síntesis, el empleo de metodologías de análisis y recolección de fuentes incorpora, pues, tradiciones disciplinares diversas, a las que se agrega el análisis en perspectiva histórica de la prensa periódica, las revistas de arquitectura y algunos discursos de las figuras políticas del período.

En el marco de una investigación colectiva de mayor alcance, enfocada en las políticas urbanas, la organización social y la dimensión espacial y territorial de los barrios obreros formales e informales del período, este artículo realiza un primer análisis de la vivienda estatal producida. La perspectiva adoptada reúne dos tradiciones diferentes: en primer lugar, la historia urbana y de la arquitectura que investiga los modelos urbanos, las transformaciones operadas por el planeamiento urbano, las tipologías habitacionales, las tradiciones constructivas y las filiaciones disciplinares de los conjuntos. En segundo lugar, se incorpora, hasta donde es posible reconstruirla, la perspectiva histórica de las políticas públicas, enfocada en relación con la agenda y las demandas de diferentes actores sociales y en las negociaciones que hicieron posible la materialización en el territorio de estas viviendas para obreros.

El Gran Buenos Aires, creado como unidad administrativa en 1948, tuvo, en los años peronistas, importancia central desde el punto de vista económico y simbólico y fue, a la vez, el territorio que experimentó la mayor expansión demográfica como fruto de las migraciones internas y el cambio productivo. Esta circunstancia derivó en un déficit habitacional de gigantescas proporciones. La hipótesis que sostiene este artículo es que las soluciones adoptadas en los municipios tuvieron como mediadores a nuevos actores surgidos de los procesos de creación de una nueva burocracia técnica y, por otra parte, a los gremios que aglutinaban las ramas más dinámicas y con mayor peso económico y político. Paralelamente, se sostiene que el ideal comunitario encauzado por el peronismo, en relación con las políticas de vivienda, sobrevivió al golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955 y perduró históricamente dando forma a una identidad vecinal de largo aliento, lo cual lleva a constatar, una vez más, la potencia performativa de los modelos habitacionales comunitarios como modeladores de prácticas e identidades sociales.

El Gran Buenos Aires, un territorio dinámico

Durante el primer gobierno de Perón, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el también general del Ejército Domingo Mercante, firmó el Decreto 70, por el cual fue creado el Gran Buenos Aires. Esta norma, sancionada el 8 de enero de 1948, delimitó un área geográfica, administrativa y política integrada por catorce partidos, o municipios, compuestos por áreas rurales y urbanas, que compartían la cercanía con la Capital Federal.

El objetivo del Decreto 70/48 era convertir el Gran Buenos Aires en campo de aplicación de políticas específicas de salud, educación, vivienda y obras públicas de equipamiento.2 Al delimitar el área administrativa se la hacía, consecuentemente, receptora potencial de la adjudicación de financiamiento público. Estos recursos fueron aplicados a numerosas obras de infraestructura escolar, a la construcción de hospitales regionales e institutos para la atención materno-infantil y a barrios obreros cuya gestión, como mostraron Molteni y Galcerán, fue canalizada a través de la creación del Consejo de Planificación y Coordinación de la Provincia de Buenos Aires (Molteni y Galcerán, 2005).

Según lo establecía el Decreto 70/48, integraban el Gran Buenos Aires catorce partidos cercanos a la ciudad de Buenos Aires: Lanús (anteriormente 4 de Junio), Avellaneda, Esteban Echeverría,  Florencio Varela, General San Martín (dividido en 1959 en dos, con la creación del Partido de Tres de Febrero), General Sarmiento (que desapareció como denominación al dividirse en tres, en 1995, con la creación de San Miguel, Malvinas Argentinas y José C. Paz), La Matanza, Las Conchas (renombrado como Tigre desde 1954), Lomas de Zamora, Morón (subdividido en tres municipios en 1995: Morón, Ituzaingó y Hurlingham), Quilmes (en 1960 se dividió Berazategui), San Fernando, San Isidro y Vicente López. Este territorio era exclusivamente provincial, aunque, como señala el historiador Adrián Gorelik,

el decreto dejaba muy claro que se estaba ante una única realidad urbana compartida con la capital, que debía abordarse mediante un Plan Regulador común, y creaba para su formulación una Comisión Asesora dirigida por José María Pastor, joven arquitecto que venía promoviendo enfáticamente la necesidad de la unificación metropolitana, imbuido de las teorías anglosajonas de la planificación regional. (Gorelik,  2015, p. 34)

En verdad, para el momento de la sanción de la ley, eran varios los urbanistas y cuerpos técnicos del Estado que compartían la perspectiva del destino metropolitano común entre la Ciudad y el Gran Buenos Aires. De hecho, ya desde la década anterior, Carlos María della Paolera, formado como urbanista en París en los años 20, había publicado en los diarios una serie de notas tituladas “El plan regulador de la aglomeración bonaerense”, en las que postulaba la necesidad de una prefiguración común, inspirado en las experiencias del Grosse Berlin, el Greater London, la Region Parisienne o el Greater New York con que se había familiarizado durante su formación (Gorelik, 2015, p. 29).

En la década siguiente, jóvenes arquitectos como José María Pastor, Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy, entre otros, fueron incorporados en diferentes oficinas estatales, en las cuales pudieron desplegar su formación modernista y su perspectiva metropolitana. Sus ámbitos de actuación fueron la Comisión para el Plan del Gran Buenos Aires y la Sociedad Central de Arquitectos, en el caso de Pastor, y el Estudio del Plan para Buenos Aires de la Municipalidad porteña, en el caso de Kurchan y Ferrari. Si bien sus fuentes de inspiración teórica eran diferentes —el urbanismo anglosajón y las teorías de Marcel Poette en el caso de Pastor y el urbanismo corbusierano en el caso de Kurchan y Ferrari Hardoy— estos jóvenes arquitectos y funcionarios compartían el criterio de que la planificación era el camino para resolver los problemas metropolitanos de Buenos Aires y daban importancia central a la cuestión de la vivienda.3

El punto señalado más arriba —la centralidad de la vivienda en la planificación— era indicador de un consenso que reconciliaba diferentes tradiciones disciplinares, teóricas y políticas, marcando una coincidencia con la importancia otorgada a la cuestión de la vivienda por el gobierno peronista. De hecho, Perón la había convertido en un eje programático y pilar del Derecho al Bienestar de los trabajadores y sus familias, consagrado en la reforma constitucional de 1949. Esta centralidad era expresada por el gobernador Mercante en su discurso de inicio de sesiones legislativas provinciales de 1947, en el cual anunció la creación de la Dirección de la Vivienda Económica. A continuación, se transcriben algunas citas de ese discurso, que se consideran especialmente ilustrativas de su programa:

Queriendo dar solución eficaz y rápida a la crisis existente, fue creada la Dirección de la Vivienda Económica, organismo dependiente del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, y cuya misión específica consiste en eliminar por los medios y elementos que le fije la Ley la escasez de viviendas en todo el territorio de la Provincia y propender a solventar en lo sucesivo las necesidades futuras de nuevos núcleos de habitación y trabajo que surjan. (Mercante, 1947, p. 54)

Nuestra misión consiste en darle al obrero y al empleado de escasos ingresos un hogar de acuerdo con su necesidad y dignidad para que forme su centro de vida. Debemos eliminar la especulación desenfrenada y despiadada del alojamiento. Debemos contar con los medios indispensables para emplazar nuevos barrios dotándolos de sus núcleos de fomento, de sus centros religiosos, sociales, culturales y deportivos. Es necesario colocar, por sobre el sentir y el acontecer material de nuestra labor constructiva, hecha de números y economía, el superior devenir del espíritu, que informe nuestros menesteres con el alto y profundo significado de una misión. (Mercante, 1947, pp. 57-59)

El discurso de Mercante deja clara la importancia asignada a combatir la escasez de viviendas en la provincia, a la par que postula que una vida “digna” no se circunscribe al hogar, sino que precisa un entorno urbano que promueva la sociabilidad a través de la creación de espacios culturales, religiosos, sociales y deportivos. En estos fragmentos se reconoce la existencia de un déficit habitacional, se hace explícito el compromiso del Estado en su solución material y económica y se establecen los valores que orientarán esas políticas, vistas bajo la perspectiva de una verdadera “misión”.

El déficit habitacional al que alude Mercante estaba localizado, principalmente, en el cinturón más cercano a la Capital Federal. Según el Censo Municipal, en 1936 la población de la ciudad era de 2.400.000 de habitantes, mientras que el Gran Buenos Aires, de acuerdo con el Censo Provincial de 1938, tenía 1.200.000 de habitantes, es decir, la mitad de la ciudad de Buenos Aires (Gorelik, 2015, p. 32). Por efecto de las migraciones internas, pocos años más tarde esos números se habían modificado apreciablemente: la Capital Federal había alcanzado los 2.982.580 de habitantes, mientras que el Gran Buenos Aires había crecido mucho más, ya que llegó a 4.723.918. Es decir que en el transcurso de una década, el Gran Buenos Aires multiplicó por cuatro su población. La Argentina era habitada en ese entonces por 15.893.827 personas, lo que muestra a las claras la magnitud de la aglomeración producida en el territorio metropolitano, donde para 1947 vivía el 48 % de los habitantes de todo el país: en números netos, 7.706.498 de personas (IV Censo, 1947).

Ahora bien, ¿dónde vivían esas personas censadas en 1947, si nueve años antes solo había casas para un 25 % de ellas? Evidentemente, los espacios habitacionales disponibles estuvieron sobredemandados y seguramente surgieron otros, con diferentes grados de consolidación y de precariedad. Por su parte, el Censo de Vivienda de 1947, incluido en el Cuarto Censo Nacional, daba cuenta de la forma en que esos habitantes se distribuían en las casas. Según mi análisis de la información censal, los catorce municipios del Gran Buenos Aires sumaban 411.523 viviendas, lo cual implicaba la concentración de un 41 % de los hogares de toda la provincia en el territorio inmediatamente contiguo a la Capital Federal. La mayor concentración de viviendas estaba en los municipios de Avellaneda, Lanús y General San Martín, todos con más de 63.000 hogares. Le seguían, promediando la mitad de hogares de los anteriores, los partidos de Vicente López, Quilmes y Lomas de Zamora.4

Desde el punto de vista de la forma en que eran ocupadas estas viviendas, la modalidad predominante era el alquiler, si bien el porcentaje de propietarios para 1948 era mayor en el Gran Buenos Aires (43,4 %) que en el resto de la Argentina (37,3 %) y muy superior al de la Capital Federal (17,6 %). Por supuesto, esto no tenía necesariamente correlato directo con mejores condiciones habitacionales, o de calidad de vida, en las viviendas propias respecto de las alquiladas. Muchas viviendas propias estaban construidas en tierras bajas e inundables o alejadas del transporte público, especialmente en el caso de los sectores más pobres entre los asalariados, que comenzaban comprando una fracción de terreno y luego iban construyendo la casa a medida que los ingresos familiares lo hacían posible. Algunas veces, sobre una fracción en propiedad y pagada a plazos, solo podía erigirse una vivienda precaria. La magnitud del incremento poblacional en el Gran Buenos Aires señala la pertinencia del estudio de la historia de las villas y asentamientos en este período, un área de vacancia historiográfica que es objeto del proyecto de investigación en curso y de otros trabajos pioneros.5

El menor porcentaje de viviendas en propiedad en la ciudad de Buenos Aires respecto de los municipios colindantes obedecía a diferentes determinaciones. En primer lugar, el IV Censo corresponde a un momento anterior a la sanción de la Ley de Propiedad Horizontal, que permitió subdividir la propiedad de los edificios de departamentos. En ese momento, además, estaba en vigencia la ley que prohibía el incremento en el precio de los alquileres. Estas razones se combinaban con la mayor carestía de la tierra y de los inmuebles, que iba de la mano del acceso a mejores servicios e infraestructuras (cloacas, provisión de gas y de energía eléctrica, transporte y equipamientos culturales, deportivos, etc.) que la ciudad podía ofrecer, además de otras razones de orden simbólico.6 Para muchas familias, la propiedad era económicamente inalcanzable, pero aun quienes podían acceder a ella, como los sectores productores agropecuarios que tenían campos en propiedad en el interior, optaban frecuentemente por ser inquilinos en los departamentos de renta de la capital como el Estrugamou, el Kavannagh y otros edificios menos notables.7

En lo que sigue, se analizan las realizaciones del Estado en materia de vivienda para los trabajadores, producida durante los años peronistas. Por razones de extensión, este artículo se concentra en dos municipios que, según el censo de 1947, estaban entre los que tenían mayor número de habitantes y viviendas. Si bien los dos más poblados, en el momento de la muestra, eran dos municipios del sur, se prefirió analizar Avellaneda —el más poblado de los catorce municipios— y Vicente López —en cuarto lugar por su importancia demográfica—, pues interesa poner en relación las realizaciones del Estado en vivienda con el tejido urbano y social preexistente y detectar las posibles continuidades y diferencias entre norte y sur del Gran Buenos Aires.

La investigación desarrollada está en proceso de determinar las diversas filiaciones y actores intervinientes en los diferentes barrios construidos en los años peronistas en el área metropolitana. Hasta el momento, el aporte de esta investigación consiste en haber podido identificar y hallar documentación de barrios no estudiados anteriormente. Para ello fue necesario desarrollar una metodología de georreferenciación de conjuntos de vivienda obrera, algunos ya analizados, otros solamente mencionados y otros ausentes de la bibliografía. Paralelamente, se diseñó y desarrolló la programación de un sitio web donde se localizan los hallazgos producidos, tanto los referidos a los barrios planificados como a las villas miseria del período en estudio. La decisión del equipo de investigación fue hacer ese sitio de acceso público, basados en el sueño de construir colaborativamente una historia de la vivienda obrera formal e informal de la Argentina, lo cual requiere esfuerzos mancomunados, de generosidad y de una mirada federal.

En este artículo se efectúa un primer análisis de los barrios planificados por el gobierno peronista en Avellaneda y en Vicente López, que según el Censo de 1947 tenían 74.285 y 37.087 viviendas, respectivamente, siendo cada uno de ellos el municipio con mayor número de viviendas del sur y del norte del Gran Buenos Aires. Hasta el momento, se pudo determinar la existencia y localización de cuatro barrios obreros en el partido de Avellaneda. Estos son el Barrio Número 1 de la Federación de la Carne —también denominado como Barrio de la carne viejo, en algunos documentos—, el Barrio Obrero del Consorcio La Blanca, el Barrio Gráfico y el Barrio Obrero Gobernador Mercante, representativos de diversas modalidades de intervención y tipologías habitacionales. Por su parte, en Vicente López, los conjuntos de vivienda identificados son el Barrio Obrero de Florida y el Barrio Atanor.

Los barrios obreros del Gran Buenos Aires. El caso de Avellaneda

Avellaneda era, en los inicios de los años peronistas, el distrito más poblado y uno de los más emblemáticos, pues desde el sur fabril se había movilizado una gran cantidad de obreros, el 17 de octubre de 1945, exigiendo la liberación de Juan Domingo Perón. Según Graciela Mateo, a la instalación de grandes fábricas en Avellaneda se sumaba gran cantidad de talleres pequeños y medianos, así como el Mercado de Frutos y el de Hacienda, de importancia regional.8 Avellaneda estaba ubicado estratégicamente en el circuito ferroviario del sur de la provincia de Buenos Aires y, a su vez, era la puerta de entrada de las rutas nacionales y provinciales que provenían del sur del país. Según Paula Lacunza, quien analizó la obra pública de Mercante en la provincia, Avellaneda producía el 41,53 % de la producción industrial total de la provincia (Lacunza, 2001 y 2004). Los obreros industriales residentes fueron, en buena medida, destinatarios de las políticas de vivienda en este municipio, destacando el gremio de la carne, al que estuvieron dirigidos dos de los conjuntos que se referirán a continuación.

El Decreto 16.842 del gobierno de Mercante se había propuesto, ya en los inicios de su gobernación, “el firme propósito de solucionar en forma rápida y segura el serio problema que significa a la masa trabajadora la habitación sana, cómoda, higiénica y cuyo costo esté adecuado con sus ingresos”9. Para ello, una serie de organismos provinciales se sumaron a las oficinas nacionales encargadas de la producción de vivienda. Algunas de estas agencias y sus actores fueron relevados en las investigaciones llevadas a cabo por el equipo de la Universidad Nacional de La Plata, liderado por René Longoni, al que está vinculada la investigación, ya citada, de Molteni y Galceran.

El comitente del Barrio Obrero del Consorcio La Blanca fue la Federación de la Carne. El conjunto, proyectado en 1951, estaba compuesto por veinticinco viviendas individuales de una sola planta en lote propio. Su tipología es la del chalet, que puede definirse por su planta compacta integrada por un estar, dos dormitorios, baño y cocina, con circulaciones reducidas al mínimo, techo inclinado de tejas españolas, construcción tradicional de ladrillos con revoque interior y exterior y carpinterías de madera. Las casas tenían un pequeño jardín y porche al frente y un pequeño terreno en el fondo. El barrio se encuentra delimitado por la Av. Gral. Roca y las calles Coronel Espora, La Blanca y General Zamudio.

El Barrio 1 fue proyectado en 1953, pero se finalizó años más tarde. Las viviendas recién fueron adjudicadas en 1969. Se trata de un conjunto de similares características (chalets individuales), pero más ambicioso que el anterior, pues cuenta con 398 viviendas financiadas en un 50 % por la Federación de la Carne y otro 50 % por el Banco Hipotecario Nacional (BHN). El conjunto fue equipado con plaza de juegos infantiles, escuela y centro vecinal, y está ubicado entre las calles Campichuelo, Paysandú, Camino General Belgrano y Condarco, en la localidad de Wilde, partido de Avellaneda. Ambos barrios emplean la misma tipología arquitectónica —la vivienda individual tipo chalet—, representativa de uno de los idearios urbanos encarnados por el peronismo y que estaba en sintonía con el modelo de familia patriarcal, la casa propia y el horizonte de ascenso a la clase media. No obstante, en comparación con el anterior, el Barrio 1 se destaca por su mayor escala y por el equipamiento vecinal, apuntando a construir una comunidad que integra la educación y el esparcimiento comunitario con las funciones de habitar.

Figura 1. Barrio 1 Federación de la Carne en Wilde, Partido de Avellaneda.

Fuente: AA.VV. Arquitectura y Comunidad Nacional, s/f, p. 34

El tercer conjunto fue proyectado como Barrio Gobernador Mercante y comenzó a construirse en 1948, aunque la obra fue interrumpida por el golpe de Estado en 1955. La construcción del conjunto fue retomada entre 1960 y 1973. En la actualidad es conocido como Barrio Parque Mariano Moreno, lo que borra la referencia al gobierno peronista. El conjunto está integrado por diecisiete bloques de departamentos de planta baja y cuatro pisos altos, en un terreno triangular ubicado en una zona fabril cercana al estadio de fútbol del Club Independiente. El conjunto se caracteriza por amplias áreas verdes que rodean los bloques de viviendas conectados por caminos peatonales. El barrio tiene un centro vecinal, comercios, una oficina y un área de deportes. Algunas plantas bajas incorporan comercios, mientras que otras permanecieron libres y admitieron usos comunitarios.10

Figura 2

Barrio obrero Gobernador Mercante, actualmente Barrio Mariano Moreno. Wilde, Avellaneda

Dado que hasta el momento no se encontraron planos originales del conjunto, no es posible determinar si la ocupación de las plantas bajas con comercio estaba prevista en el proyecto de la década de 1940 o si se trata de una transformación posterior. Similares inquietudes son aplicables a otras decisiones del proyecto. Por ejemplo, los bloques bajos efectivamente construidos en los años peronistas solían tener planta baja y tres pisos altos. Se acostumbraba no superar esa altura, pues las tiras se construían sin ascensores y un incremento en la altura hubiera redundado en un menor confort y en mayor esfuerzo para los habitantes de los pisos más altos. Tal vez, la mayor densificación del tejido circundante para la década de 1960 u otras razones de índole económica hayan inducido la adición de un cuarto piso alto en este proyecto, inaugurado quince años luego de ser concebido.

El antropólogo Ignacio Garaño ha estudiado este barrio desde el punto de vista de las relaciones entre el diseño de una política pública basada en un ideal de ciudad, imaginado durante el primer gobierno peronista, y su proceso de materialización, varios años más tarde (Garaño, 2015). Tomando como antecedente una investigación sobre el Barrio los Perales en Mataderos (Aboy, 2005), Garaño pone de relieve la concepción comunitaria del proyecto urbano de este barrio, inspirado, al igual que Los Perales, en los conjuntos de vivienda obrera socialista de la Europa de entreguerras, llamados Siedglungen. Lo que Garaño observa a través de entrevistas a los habitantes (realizadas luego de seis décadas del golpe de 1955) es la valoración que los actuales vecinos tienen de la vida comunitaria propiciada por este tipo de organización espacial y que coincide con los ideales de comunidad organizada encauzados por el peronismo.

La pregnancia de valores pretéritos, que perduran una vez desaparecidas las configuraciones políticas y culturales que les dieron origen, permiten plantear, una vez más, la función performativa del urbanismo en general y de la vivienda en particular. La hipótesis de este trabajo es que en el caso particular del peronismo —por tratarse de un vigoroso partido de masas, que hizo del acceso de los trabajadores a una “vivienda digna” uno de los pilares de su política social— esta pregnancia se vio fortalecida por la incorporación del Derecho a la Vivienda a la letra de la Carta Magna de la República Argentina, donde permaneció durante las siete décadas posteriores al golpe de Estado que derrocó a Perón, y aún hoy.

Por su parte, como en el caso de Mercante, las figuras más salientes hicieron de la obra pública orientada a los sectores del trabajo un eje discursivo que enfatizaba sus aristas socialmente reparadoras y, por otra parte, aludían a una reciprocidad por el decisivo protagonismo de los trabajadores en el momento fundacional del peronismo, identificado con el 17 de octubre de 1945. Al respecto, son ilustrativas las elogiosas palabras de Eva Perón a Mercante, en una visita a Avellaneda:

Yo lo felicito a Mercante por la obra que ha hecho en Avellaneda, y también no puedo menos que felicitar a los obreros de esta ciudad por su unión, pues con ella continuarán siendo fuertes, ya que mantienen los ideales del 17 de octubre, representados por Perón y Mercante. (…) El pueblo, que tiene una intuición extraordinaria y a quien no se puede engañar, coreó el glorioso 17 de octubre en estribillo que nadie le había enseñado: “Con Perón y con Mercante la Argentina va adelante” (…) Mercante ha llevado su obra de acción social a todo el territorio de la provincia mediante la construcción de caminos, escuelas, hospitales, barrios obreros, casas gremiales, como así también colonias de vacaciones para obreros, motivo de orgullo para el turismo social. Así, con un hombre como Mercante, se consolida la grandeza de la Patria, por la que tanto brega y lucha el líder de los trabajadores desde la casa de gobierno.11

La alianza entre Perón y Mercante se resquebrajaría posteriormente por cuestiones políticas y personales que fueron objeto de diversas investigaciones.12 El alejamiento del gobernador, que había sido reelegido por un 57,49 % de los electores en 1950, y su reemplazo por Aloé en 1952, es la razón por la cual el Barrio Gráfico, proyectado en el año 1954, no corresponde a la gobernación de Domingo Mercante. Al igual que en el caso anterior, el golpe de 1955 introdujo una pausa entre proyecto y materialización. La licitación y las obras de construcción del barrio comenzaron a fines de la década de 1960.

A diferencia de los dos primeros barrios de casas individuales y del Barrio Obrero Gobernador Mercante, para el cual se empleó la tipología de departamentos en tiras bajas, el Barrio Gráfico está compuesto de edificios altos de departamentos con ascensor. La tipología empleada en este conjunto es característica de los emprendimientos de vivienda estatal financiados por el Banco Hipotecario Nacional, para obreros y empleados durante el Segundo Plan Quinquenal, cuando el persistente déficit de viviendas, unido a la escasez y suba de precios de la tierra, determinaban como la opción más razonable la construcción de mayor cantidad de unidades en el terreno. Esto permitía sistematizar y abaratar la construcción y, a la vez, dar vivienda a un mayor número de personas. Paralelamente, este modelo urbano estaba en consonancia con el ideal de ciudad concentrada, que se afirmó en la década de 1950 en las metrópolis latinoamericanas.

El Barrio Gráfico, ubicado en la localidad de Wilde, partido de Avellaneda, está delimitado por las calles Robles, Los Tilos, Pino y la avenida Las Flores, y su proyecto original, destinado a obreros de la industria gráfica, contemplaba la construcción de 320 unidades de departamentos. En una nota periodística, aparecida en la sección Ciudades del Diario Clarín en 2018, se informa que en el barrio “viven 12.000 personas en 2000 departamentos, con seguridad y administración propias, además de escuela y otras instituciones”, y destacan los lazos comunitarios entre vecinos y la seguridad del barrio, en el cual “en 33 años hubo sólo 5 robos” (Gallota, 2018). Es decir que el proyecto sufrió una muy importante ampliación entre su concepción y el momento en que se pusieron en marcha las obras. Hasta donde ha sido posible reconstruir la historia, este barrio fue proyectado en 1954, licitado en 1969 y adjudicado en 1985.

Figura 3. Barrio Gráfico de Wilde en la foto de Clarín Ciudades, 1 de junio de 2018 (captura 11 de enero de 2022)

Al igual que en los casos de los conjuntos anteriores, pero con mayor nitidez, se evidencia la necesidad de seguir profundizando en la investigación histórica del Barrio Gráfico, para acceder a planos de proyecto, actores y vicisitudes en los agitados treinta años de la historia argentina que mediaron entre el primer proyecto y la mudanza de los vecinos. Los vacíos de información no opacan la comprobación de que, también en este conjunto, el ideal comunitario perduró hasta la actualidad, siendo justamente esa vida vecinal, construida sobre la base de la confianza y la solidaridad, la que constituye el anclaje de los habitantes al conjunto, del que, como dice el título de Clarín, “nadie quiere mudarse”. Al respecto, una vecina entrevistada en esa nota, dice lo siguiente:

Acá la gente es de oro. Uno sabe que su vecino va a estar ante cualquier problema. Por eso, decimos que vivimos en comunidad. Yo estaba fuera de casa cuando se me rompió el lavarropas y se me inundó el departamento. Mis vecinos tenían las llaves: entraron, secaron, limpiaron todo y no me faltó nada.13

No hay en la nota mención alguna al proyecto original del barrio, ni tampoco al gobierno que prefiguró el primer proyecto. Como en muchos otros casos, luego del golpe muchos barrios obreros fueron renombrados para borrar la memoria del “tirano prófugo”. Baste recordar el ejemplo del Barrio Gobernador Mercante en Avellaneda, cuyo nombre fue cambiado por Mariano Moreno, el Barrio Juan Perón, en la Ciudad de Buenos Aires, renombrado como Cornelio Saavedra, o el emblemático Barrio Los Perales, también en la Capital, rebautizado Manuel Dorrego, entre muchos otros ejemplos en todo el país.

Los cambios de nombre de los proyectos habitacionales y las estrategias de borramiento de la historia de las realizaciones materiales del primer peronismo —incluso con variado grado de éxito—, unidos a los problemas para acceder a archivos documentales de la obra pública de los municipios —ya mencionados—, constituyen fuertes escollos para la construcción de una historia urbana del Gran Buenos Aires, y especialmente de sus sectores trabajadores. Esos escollos son los desafíos que desde esta investigación se quiere aportar para superar, haciendo una modesta contribución a la construcción de una historia urbana de escala nacional, que necesariamente debe ser colectiva y colaborativa.

El caso de Vicente López

El partido de Vicente López, creado en 1905, tuvo un extraordinario crecimiento poblacional en los inicios del período de nuestro interés, pues pasó de tener 12.100 habitantes en 1914 a los 149.958 censados en 1947. Esto implica un crecimiento vertiginoso, no repetido en las décadas siguientes, puesto que según el Censo de 2010, los habitantes de este municipio eran 270.000. Como en el caso anterior, es evidente que el aumento drástico de la población como fruto de los procesos de industrialización y las migraciones internas generó una fuerte presión sobre el mercado de la vivienda en el inicio de los años peronistas. En ese contexto, el Estado creó en este municipio el Barrio Obrero en Florida Oeste y el Barrio Atanor en Carapachay.

El Barrio Obrero fue originalmente proyectado en 1949. Como no se pudieron encontrar hasta el momento planos y documentación del proyecto original, no se sabe de qué manera fue prefigurado. Para complementar esta ausencia, se hizo un reconocimiento del tejido urbano —peatonal y satelital— y se efectuaron entrevistas a los habitantes. Del cruce de estas fuentes surge que el Barrio Obrero constituye la parte más antigua —y mejor conservada— de un tejido urbano que en la actualidad presenta diferentes grados de consolidación y mantenimiento y que comprende chalets en calles arboladas (según el modelo de barrio pintoresco de viviendas individuales del período), y se va degradando a medida que se aproxima a una urbanización informal colindante, conocida como Barrio Las Flores.

Figura 4. Barrio Obrero Vicente López. Imagen actual sobre calle Brandsen (captura 27 de enero de 2022)

En el polígono delimitado por la Av. De los Constituyentes y las calles Julio Argentino Roca, Gervasio Posadas y Carlos Francisco Melo, se observa en la actualidad una diversidad de tejido urbano y de tipologías habitacionales correspondientes a diferentes momentos históricos. Así, lo que corresponde a una primera etapa son las casas individuales en la tipología del chalet con lote propio, un pequeño jardín al frente y terreno hacia el centro del lote, que se pueden reconocer en la imagen satelital ocupando varias manzanas a lo largo de las calles Necochea, Habana, Perito Moreno, Antonio Beruti, Santa Rosa, Tuyutí, Brandsen y Posadas. Por su parte, en un amplio polígono que se extiende entre Mariquita Sánchez de Thompson hasta Melo y Av. De los Constituyentes, se desarrolla un tejido urbano degradado que también fue creciendo en diferentes momentos históricos. Según Alejandro D., vecino del barrio que nació y se crio en una de las casas del Barrio Obrero construidas en los años del peronismo, “la villa creció mucho y ocuparon y subdividieron algunos chalecitos a partir de Menem”. El entrevistado dice que habría sido durante la década de 1990 cuando el otrora “barrio de casitas de clase media” vio transformar su paisaje social. Alejandro, que nació a principios de los 80, recuerda que cuando era chico el Barrio Obrero “era muy tranquilo, y yo y mis amigos jugábamos siempre en la calle”.14

Figura 5. Fotografía satelital del polígono donde se observan los chalets del Barrio Obrero en medio de un tejido urbano heterogéneo (Google Maps, captura 27 de enero de 2022).

Lo que señala puede observarse en la imagen satelital actual, donde se aprecia la conservación de la estructura urbana de chalets en lote individual en las calles transversales a Roca y en las cercanías de esta. A medida que se aleja de Julio A. Roca acercándose a Carlos F. Melo, el tejido urbano se vuelve heterogéneo y las casitas del período peronista se funden sin solución de continuidad con el tejido informal del Barrio Las Flores.

Por su parte, la directora del Instituto Manuel Dorrego, uno de los colegios del barrio, ubicado en Posadas 1187, cuenta que fue con su familia a vivir al Barrio Obrero cuando ella tenía dos años, y “Mercante nos entregó la casa, a pagar en muchos años”. La familia de María del Carmen —tal el nombre de la entrevistada— compró luego la casa vecina, otro chalet igual al suyo, donde abrieron el colegio primario. Con respecto a las casas, cuenta que “el conjunto de chalecitos se extendía desde las calles Roca, Constituyentes, Melo y French, y todos tenían dos dormitorios, comedor, cocina amplia y baño. El terreno tenía 10 metros de frente y 50 de fondo.

Nos instalamos en el año 1951 porque a mi familia le dieron un crédito. Cuando nos mudamos, en aquel tiempo éramos solo cuatro familias habitando en la zona y una de ellas era del encargado que entregaba las llaves a los nuevos propietarios.15

Según María del Carmen, la fisonomía del barrio era muy diferente de la que puede apreciarse en la imagen satelital actual, pues “el barrio perdió su fisonomía original porque en cada espacio verde se edificaron casillas que poco a poco se fueron multiplicando, deteriorando la planificación original. Antes había muchos espacios verdes”. Esas plazas y espacios abiertos fueron ocupados en el transcurso del tiempo por el barrio no planificado: “hoy en día la villa de emergencia sigue creciendo quedando diseminados algunos chalecitos de aquellos tiempos. Muchos de ellos han sufrido reformas y muy pocos sostienen su arquitectura original”. De acuerdo con su relato, muchas infraestructuras fueron llegando paulatinamente al Barrio Obrero:

Cuando nos mudamos el barrio no tenía cloacas, ni gas, ni agua, las calles eran de tierra con un mejorado para entrar los días de lluvia. Para fines de los setenta ya teníamos todo: las instalaciones ya las teníamos antes de 1960 y después llegó el asfalto.16

Respecto de los vecinos, la entrevistada manifestó que “con el pasar de los años se fueron instalando viviendas precarias con gente que emigró de otros países, mayoritariamente desde Paraguay, formando de esta manera el barrio de emergencia Las Flores con gente humilde y trabajadora”. María del Carmen y sus tres hijos dirigen aún el colegio primario y el jardín de infantes, fundado en 1965. Sobre este establecimiento, cuenta lo siguiente:

Comenzó con una población mayoritariamente de descendientes de italianos que vivían en el lugar y algunos niños que habitaban las villas, cuyos padres buscaban progreso ya que el colegio es privado, logrando una población escolar de 850 alumnos entre jardín y primaria. En este momento nuestro establecimiento tiene un 95 % de chicos de villas de emergencia.17

Es interesante remarcar, en el testimonio de la directora de la escuela, que en 1965, cuando se abrió el colegio, ya existía la villa, lo cual es consecuente con el incremento extraordinario de población en el municipio, producto de las migraciones internas y desde países limítrofes, que presionaban sobre el mercado de la vivienda en un territorio donde las políticas de industrialización tuvieron continuidad en las décadas de 1950 y 1960. Este dato, provisto por la entrevistada, confirma la pertinencia de un estudio sincrónico de barrios planificados e informales, pues en estos años el tejido social en unos y otros correspondía a familias trabajadoras, como también lo destaca María del Carmen.

Lo que actualmente se conoce como Barrio Las Flores comprende también iniciativas de vivienda social posterior, como las tiras de dúplex —viviendas apareadas— que se extienden a lo largo de la calle Julio A. Roca, tiras bajas y vivienda colectiva, correspondiente al Plan Federal de viviendas, en el polígono comprendido entre las calles Los Pozos, Azurduy y Carlos F. Melo. Todas estas viviendas de iniciativa estatal fueron ejecutadas en los últimos treinta años, y todas ellas, así como el barrio informal, coexisten dentro de un polígono de tejido urbano y morfología sumamente heterogéneos, con el antiguo Barrio Obrero. Esta heterogeneidad de la zona se completa con el tejido industrial al otro lado de la calle Julio A. Roca y del Hospital Provincial Manuel Belgrano, al otro lado de la avenida de los Constituyentes, cuya construcción se inició en 1948 durante la gobernación de Domingo Mercante y es, por lo tanto, contemporánea del Barrio Obrero.

Por su parte, el Barrio Atanor, ubicado en la localidad de Carapachay, partido de Vicente López, es un conjunto de 71 casas individuales, con la tipología de chalet, destinado a los trabajadores de la industria química Atanor, y que fue financiado por el Banco Hipotecario Nacional. Este banco había sido reorientado en los años peronistas para “prestar a los trabajadores, para que cada uno de ellos sea dueño de su propia casa”18. La importancia otorgada por el gobierno nacional a este barrio queda de manifiesto por el simbolismo de la ceremonia de inauguración, que no estuvo a cargo del gobernador Mercante, sino de Eva Perón, la esposa del presidente, acompañada en el acto —realizado el 19 de septiembre de 1949— por el presidente de la Cámara de Diputados, Héctor José Cámpora.

Figura 6. Fotografías del palco inaugural y de las viviendas del Barrio Atanor. Fuente: Bontempo, L. (2010).

El Barrio Atanor está ubicado en el polígono definido por las calles Derqui, Saavedra, Prof. Manuel García y Antártida Argentina, a siete cuadras de la planta de la empresa del mismo nombre, en la localidad de Munro. A diferencia del caso anterior, en este la planificación original, el tejido urbano y las viviendas conservan actualmente su fisonomía, con las remodelaciones que sus habitantes introdujeron a lo largo de siete décadas. Los chalets, idénticos en apariencia a los de Florida Oeste, están integrados a la trama urbana residencial del barrio de casas bajas y tienen un buen estado de conservación.

La empresa Atanor, dentro de la industria química fue, según el historiador Fernando Rocchi, un caso exitoso de empresa mixta industrial (con participación estatal), pues habría sido una excepción dentro de un grupo de empresas del mismo tipo, como SOMISA, que exhibieron un escaso dinamismo y no realizaron un aporte significativo en la integración del sector industrial. Tal vez ese éxito haya sido la razón por la cual la empresa Atanor tuviera un lugar destacado entre las publicidades de la Revista Mundo Peronista durante la década de 1950.

Figura 7. Mundo Peronista Año II- Núm. 43. 1 de junio de 1953.

Esta empresa, que proveía productos químicos a la producción industrial, fue parte de la estrategia trabajada por Ailén Pagnoni, para quien el peronismo fue el primer proyecto político en la historia argentina que hizo de la industria uno de sus ejes principales de política económica, y cuyo interlocutor ideal fue el obrero industrial (Pagnoni, 2020). Ahora bien, como parece desprenderse de la integración de este barrio a la trama residencial de Vicente López, el proyecto urbano estaba articulado en torno de un modelo que propiciaba la integración de las clases sociales con un tono inclusivo antes que disruptivo. No obstante, siguiendo a Pagnoni, esta construcción del imaginario social del obrero industrial como actor económico, social y como consumidor desplazó del centro al otro extremo de la pirámide industrial, el empresario, cuya reproducción social y económica era la base del sistema.

Consideraciones provisorias

Al final de este breve recorrido, queda claro que la importancia económica y política del Gran Buenos Aires, durante los años peronistas, lo convirtió en uno de los territorios privilegiados de materialización de viviendas para obreros. Para proyectar y construir esos barrios, el gobierno de la provincia, a cargo de Domingo Mercante, amplió la cantidad y especificidad de oficinas técnicas encargadas de ejecutar políticas urbanas. Los gremios y las empresas parecen haber tenido un papel importante como interlocutores del Estado y como mediadores entre este y los futuros beneficiarios.

El papel de los gremios industriales en la agenda de las políticas de vivienda tiene un notable protagonismo ligado a una construcción discursiva por parte de las más altas figuras del gobierno y a una estrategia de reparación histórica vinculada con la cristalización de una identidad política. De los seis barrios hallados, dos tuvieron como población destinataria a los obreros del gremio de la carne, otro al gremio gráfico y un cuarto conjunto a los obreros de la empresa petroquímica Atanor. Aún no es posible determinar si esta presencia de barrios por ramas de actividad industrial es una característica común a otros municipios del Gran Buenos Aires o si, por el contrario, sería indicador de un reconocimiento diferencial a la importancia demográfica y simbólica de Avellaneda dentro del relato de origen del peronismo, y en el caso de Atanor en Vicente López, a la importancia estratégica de esta empresa de capital mixto dentro del proyecto industrializador del gobierno.

Con respecto a las tipologías habitacionales empleadas, estos barrios son representativos de los tres modelos que contemporáneamente eran proyectados para la Capital Federal: el modelo de la casa unifamiliar en lote propio, afín al modelo tradicional-católico de familia, los pabellones bajos emparentados con la vivienda obrera socialista de la entreguerra europea y los edificios de departamentos altos, empleados para la vivienda pública y privada en la segunda mitad del siglo XX. Esta continuidad tipológica podría ser indicativa de una vocación de continuidad morfológica y tipológica en el tejido urbano y en la trama social metropolitana, hipótesis que será necesario poner a prueba a medida que avance la investigación sobre los otros municipios.

La centralidad política y económica de la Provincia de Buenos Aires parece haber sintonizado con el protagonismo del gobernador Mercante, quien, en sintonía con Juan y Eva Perón, asignaba a la vivienda un lugar central dentro de las políticas de reparación social del peronismo. Las políticas de habitación obrera fueron objeto de inflamados discursos, en los cuales eran puestas en relación con el proyecto de construcción de una nueva sociedad, imbuida de ideales comunitarios. Esos ideales comunitarios no eran privativos del peronismo gobernante, sino compartidos, desde otras tradiciones de pensamiento, ligadas a la planificación, ya en su vertiente anglosajona, ya en vertientes continentales por la doble vía de la recuperación de las experiencias socialdemócratas del urbanismo de Weimar o de los planteos corbusieranos de ciudad concentrada. Estas razones propiciaron una convergencia de las políticas gubernamentales con la novel burocracia de técnicos con amplia formación urbanística, que el peronismo había incorporado en las recientemente creadas dependencias estatales. En ellas, jóvenes arquitectos como Pastor, Ferrari Hardoy o Kurchan compartían el criterio de que la planificación y la cuestión de la vivienda eran centrales para resolver los problemas de la aglomeración metropolitana.

Existió un temprano diagnóstico que señalaba la importancia de la planificación regional de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires como una unidad territorial, económica, productiva y social. A pesar de ello, ni el gobierno peronista ni quienes lo sucedieron quisieron o pudieron conformar una agencia con competencia y financiamiento, orientada a diseñar y materializar políticas urbanas metropolitanas. Tal vez la concentración de poder político y económico, con algún grado de autonomía para la región metropolitana, haya sido vista perdurablemente menos en clave estratégica que como una potencial amenaza hacia otros poderes.

Algunas fuentes trabajadas, entrevistas a habitantes del Barrio Obrero de Florida Oeste en Vicente López, las entrevistas de Garaño a habitantes del Barrio Gobernador Mercante y los testimonios consignados en la nota periodística sobre el Barrio Gráfico,muestran que aquel ideal comunitario —que permeaba el pensamiento de conductores políticos y de urbanistas a mediados del siglo pasado— reaparece en el discurso de los habitantes actuales de los departamentos. Esta pervivencia apunta a fortalecer la hipótesis de la capacidad performativa de la vivienda y de la planificación en la construcción de prácticas de sociabilidad, maneras de ver el mundo y construcciones identitarias. O tal vez sea, simplemente, el desánimo frente a las políticas urbanas posteriores, que en el campo de la vivienda obrera no volvieron a alcanzar aquel balance entre masividad y calidad que el análisis de estos conjuntos obreros de Avellaneda y de Vicente López vuelve a iluminar.

Notas

  1. El convenio entre la Universidad, la Ciudad y su articulación con los municipios del AMBA permitió relevar la vivienda social construida en los siglos XX y XXI como base de futuras políticas metropolitanas. En tal sentido, el Arq. Eduardo Ricciuti, subsecretario de Asuntos Interjurisdiccionales, promovió la sinergia entre instituciones y jurisdicciones, en un ámbito de pluralidad de pensamiento y de perfiles (académico-científicos y actores de diferentes escalas de gobierno).
  2. A. Ballent analizó algunas operaciones territoriales de gran escala en la provincia, como el caso del aeropuerto y áreas recreativas de Ezeiza.
  3. Si bien Kurchan y Ferrari Hardoy han sido objeto de atención historiográfica, solo recientemente se enfocó la relación del urbanismo de Pastor y el ideario social peronista en J. J. Gutiérrez (El Urbanismo técnico y humanista de José Manuel Felipe Pastor. Políticas Urbanísticas y pensamiento social en el Estado de Bienestar. Tesis de Maestría en Políticas Sociales, UBA, 2021).
  4. Dirección Nacional de Estadística y Censos (DNEC), Censo de Vivienda: total del país, en IV Censo General de la Nación, 1948.
  5. Valeria Snitcofsky, Villas de Buenos Aires: historia, experiencia y prácticas reivindicativas de sus habitantes (1958-1983). Tesis de Doctorado. FFyL-UBA, 2016;  Adriana Massidda, Cómo nombrar a la informalidad urbana: Una revisión de las definiciones en uso, Quid 16 10, 301-15, 2018; Eva Camelli, La ocupación silenciosa del espacio. Conformación y crecimiento de las villas en la Ciudad de Buenos Aires, 1930- 1958, en Cuaderno Urbano, N.º 22, 2017, 73-90, 2017.
  6. Sobre este tema, R. Aboy, Vivir con otros. Una historia de los edificios de departamentos en Buenos Aires, 1930-1960. Tesis de Doctorado en Historia Moderna. Buenos Aires, UdeSA, 2007.
  7. R. Aboy analiza los espacios habitacionales y las prácticas de sociabilidad de los sectores altos porteños en “A cultural urban transformation: apartment building construction and domestic space for the upper classes in 1930s Buenos Aires”. Planning Perspectives, International Journal of History, Planning and the Environment. Vol. 27, núm. 1, pp. 25-49, 2012.
  8. Mateo, G. (1999). Viviendas económicas (1946-1951). Un ejemplo de Planificación en la Provincia de Buenos Aires, VII Jornadas Interescuelas, Neuquén. Citada en I. Garaño, Materializaciones de una ciudad utópica: el caso del Barrio Obrero Gobernador Mercante. Identidades, Núm. 8, Año 5, Junio de 2015, p. 199.
  9. “Considerandos” del Decreto 16.842, del 30 de diciembre de 1946, citados en Molteni y Galcerán, p. 8.
  10. En 2019, en oportunidad de la visita al barrio, las plantas libres eran usadas para clases de gimnasia, yoga, reuniones de consorcio, conversaciones entre vecinos, juegos entre niños, etc.
  11. Discurso de Evita el 7 de noviembre de 1949 en el acto de inauguración de la sede social del Sindicato de Obreros Curtidores y Peladores de Cueros Lanares de Avellaneda, citado en Garaño, p. 200.
  12. Sobre este tema, Lior Zylberman, Mercante/Aloé, disputas por el corazón de Perón. VII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales-UBA, Buenos Aires, 2007. Las tensiones entre Eva Perón y la esposa del gobernador son analizadas por Carolina Barry en Las otras primeras damas en la Argentina peronista: Elena Caporale de Mercante. Confluenze, Vol. 8, No. 1, 2016, pp. 198-214, Dipartimento di Lingue, Letterature e Culture Moderne, Università di Bologna.
  13. Beatriz Rodríguez, vecina del Barrio Grafico, entrevistada por N. Gallota en la nota periodística de Clarín, ya citada.
  14. Entrevista a Alejandro D., nacido en el Barrio Obrero hace 41 años. Entrevistado el 27 de enero de 2022.
  15. Entrevista a María del Carmen, directora de la escuela primaria Manuel Dorrego y vecina del Barrio Obrero, 27 de enero de 2022.
  16. Ibídem.
  17. Ibídem.
  18. Juan D. Perón, Discurso de inauguración del 86 período legislativo en el Congreso de la Nación, del 1 de mayo de 1952. Citado de Mundo Peronista, Año II, Núm. 43, 1 de junio de 1953, p. 45.

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