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ISSN: 1666–6186 / E-ISSN: 1853–3655

Cuaderno Urbano Nº36 | Año: 2023 | Vol. 36

ARTÍCULO

Tecnología de gestión y urbanización popular: redes locales como soporte de políticas públicas

Management technology and popular urbanization: local networks as support public policies

Tecnologia de gestão e urbanização popular: redes locais como apoio de políticas públicas

Fernando Cacopardo

Investigador independiente del CONICET. Director del Programa Hábitat y Ciudadanía (2007-2022) del Instituto de investigaciones en Desarrollo Urbano, Tecnologías y Vivienda de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata (FAUD/UNMdP). Profesor titular por Concurso Nacional de la cátedra Teoría y Crítica de la Arquitectura y el Urbanismo (FAUD/UNMdP). Integrante de la Red para la Articulación y el Fortalecimiento de Investigadores en Derechos Humanos en Argentina- CONICET (RAFIDDHH).
cacopardofernando@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9524-8882

Resumen

El problema de acceso al agua en los barrios populares forma parte de la problemática más amplia de las luchas por la urbanización en contextos de pobreza en Latinoamérica. Esta experiencia de investigación y desarrollo en dos manzanas del Barrio Fray Luis Beltrán (Las Dalias) de Mar del Plata testimonia en forma elocuente un aporte a modos de gestión colaborativos e intersectoriales con activa participación vecinal para la solución del problema. En el marco de las denominadas “tecnologías sociales”, este artículo es un aporte de resultados a preguntas y planteos teóricos al campo de la funcionalidad de la tecnología en procesos colaborativos de “urbanización popular”. Esta experiencia interesa por tres aspectos: como emergente de un activismo de grupos populares por fuera de mecanismos mercantiles y estatales; como despliegue de una serie de estrategias sociales de sobrevivencia que efectivizan todos los intersticios posibles del sistema, institucionales y no institucionales, a fin de obtener recursos para acceder a un soporte material para el habitar y la vida y, finalmente, para promover otro rol del investigador universitario, en contextos de alta criticidad sanitaria y humanitaria, como actor analista y parte del planteo de un problema social y de su solución.

Palabras clave

Tecnología social; urbanización popular; acceso al agua; políticas públicas.

Abstract

The problem of water availability in popular neighborhoods is part of a broader issue of the struggles for urbanization in contexts of poverty in Latin America. This experience of research and development in two blocks of the Fray Luis Beltrán (Las Dalias) neighborhood in the city of Mar del Plata is an eloquent testimony of collaborative and cross-sectional management with an active participation of the neighbors to solve the problem. Within the framework of “social technology”, this article is a contribution to some questions and theoretical issues to the field of technology in collaborative processes of “popular urbanization.” This case is of special interest for three reasons: as an emergent of the activism of popular groups, outside of state and market mechanisms; as the display of a series of social strategies of survival that show the possible interstices of the system (both institutional and non-institutional), in order to get resources to an essential material support for habitation and life; and, finally, as the promotion of another role for the university researcher in contexts of highly critical health and humanitarian situations, as a way of raising a case and proposing a solution.

Keywords

Social technology; popular urbanization; water availability; public politics.

Resumo

O problema do acesso à água nos bairros populares faz parte da problemática mais ampla das lutas pela urbanização em contextos de pobreza na América Latina. Esta experiência de pesquisa e desenvolvimento em dois quarteirões do Bairro Fray Luis Beltrán (Las Dalias) da cidade de Mar del Plata testemunha de forma eloquente uma contribuição a modos de gestão colaborativos e intersetoriais com ativa participação dos vizinhos na solução do problema. No marco das denominadas «tecnologias sociais», este artigo é um aporte de resultados a perguntas e propostas teóricas al campo da funcionalidade da tecnologia em processos colaborativos de «urbanização popular». Esta experiência interessa por três aspectos: como emergente de um ativismo de grupos populares por fora dos mecanismos comerciais e estatais; como desdobramento de uma série de estratégias sociais de sobrevivência que efetivam todos os interstícios possíveis do sistema, institucionais e não institucionais, a fim de obter recursos para acessar a um suporte material para o habitar e a vida e, finalmente, para promover outro papel do investigador universitário, em contextos de alta criticidade sanitária e humanitária, como ator analista e parte da abordagem de um problema social e da sua solução.

Palavras chave

Tecnologia social; urbanização popular; acesso à água; políticas públicas.


DOI: https://doi.org/10.30972/crn.36367227


 

1. Introducción: definiciones para tecnología de gestión en contextos de urbanización popular

En este artículo planteo el análisis de una experiencia alternativa de acceso al agua durante el período comprendido entre 2004 a 2021, en un asentamiento popular del partido de General Pueyrredon. Este lapso de diecisiete años permite una aproximación más eficaz respecto de espacios históricos y trayectorias diversas, con el fin de contribuir a la discusión de uno de los rasgos distintivos de la urbanización de las ciudades en Latinoamérica. Este trabajo hace foco en la urbanización popular (Pirez, 2018).

En ese marco me propongo indagar en tres órdenes de preguntas. En primer lugar, qué es la urbanización popular y en ese marco ¿dónde anidan las condiciones o atributos básicos para que una práctica sea considerada “urbanización popular”?, y en el nudo más específico ¿quién es el sujeto activo, político, relevante? En segundo lugar, me interesa el interrogante sobre las relaciones entre estos procesos de gestión alternativos y políticas públicas, es decir, ¿de qué modo estas prácticas de soluciones fácticas a la emergencia sanitaria de la sociedad local se constituyen en soporte de políticas públicas?

Busco de esta manera indagar en las consecuencias más mediatas, en temporalidades de larga duración, de proyecciones que desdibujan los límites entre campos de estudios de las políticas de gestión local con el Estado como actor dominante (Jouravlev et al., 2021; Gargantini, 2007, 2012; Rodulfo, 2007) y los que estudian los asentamientos populares y los procesos a través de los cuales acceden a infraestructura (Barreto et al., 2018; Boldrini, 2018; Cravino, 2018; Di Virgilio, 2015; Cacopardo et al., 2018, 2021).

Finalmente, en tercer lugar, en el nivel de las relaciones entre “ciencia y política”, las preguntas que convocan al citado enfoque sociotécnico (Thomas, 2009) respecto de la participación de la ciencia como actor relevante y el rol de otras dimensiones no artefactuales de la tecnología, como “tecnología de gestión”. En otras palabras: ¿qué otros potenciales posibles podría aportar el actor científico para co-construir capacidades institucionales y soluciones colectivas a problemas en situaciones emergentes?

Me refiero a la necesidad de accionar reformas sobre los alcances institucionales tradicionales, formativos y colegiados, de lo que entendemos por arquitectura como disciplina y su campo profesional. Interpelación que, por supuesto, nos alcanza tanto en investigación, los modos de entender la transferencia y las concepciones de la extensión universitaria. Estas preocupaciones no son originales ni novedosas. Luego de la tragedia sanitaria y humanitaria que significó la COVID-19, esta problemática se ha debatido en forma intersectorial tanto en la red nacional de asentamientos populares (ENRAP, 2021) como en el último encuentro de la Red latinoamericana de Cátedras de Vivienda (ULACAV, 2023)1.

Como punto de partida para una construcción conceptual sobre qué es la “urbanización popular”, tomaré de base las acepciones de Pedro Pirez. Me refiero a la idea de urbanización popular como emergente de un activismo predominante de grupos vecinales en articulación con la participación de organizaciones de la sociedad civil, instituciones y las universidades, entre otros. Estas prácticas se desplegarían por fuera de mecanismos mercantiles y estatales, como luchas colectivas para acceder a soportes de infraestructura para la vida y la modificación de políticas que limitan su reproducción (Pirez, 2013 y 2018).

Sobre estos supuestos teóricos, que en principio aproximan de modo eficaz a esta experiencia empírica de acceso popular al agua, pretendo aportar otras precisiones al debate sobre la construcción conceptual de este término en la traza de tres perspectivas: las estructurales sobre la ciudad en Latinoamérica2 (Pradilla, 1995, 2009), las contribuciones de la perspectiva sociotécnica y los aportes de la microhistoria y la etnografía (Carenzo, 2014 y 2020).

Sobre lo precedente organizaré este texto en tres partes: 1. Una experiencia pionera de gestión colaborativa de acceso al agua en el partido de General Pueyrredon; 2. Urbanización popular y políticas públicas: vinculaciones, divergencias y funcionalidades políticas de las prácticas informales de acceso al agua; 3. Una discusión muy provisoria.

2. Una experiencia pionera de gestión colaborativa de acceso al agua en el partido de General Pueyrredon

2.1. Situación territorial de un fragmento complejo

Si bien las investigaciones desde el campo del urbanismo son dominantes sobre ciudades de condición metropolitana (Pradilla, 1995, 2009; Novick, 2017), creo oportuna la reflexión de Raquel Rolnik, para pensar los procesos de ocupación en ciudades intermedias: la máquina de exclusión territorial genera patrones de fragmentación y desigualdad que tiene en cada territorio su manifestación (Rolnik, 2002). Es decir, dentro de esta lógica de procesos territoriales contemporáneos mercantilizadores hay trazos comunes. El análisis de cartografía y mapas testimonia estas configuraciones complejas.

Alguna breve descripción de configuraciones materiales testimonia estas afirmaciones. Tal como se observa en el plano 1, se distingue un delgado hilo que quiebra la cuadrícula, el arroyo La Tapera, que señala el límite del ejido de la ciudad formal. Como un muy estrecho abismo, esta línea divide los barrios El Grosellar y Montemar, parte de los trazados que desde los años 40 del siglo XX fomentaban formas de habitar de barrio parque (Cacopardo & Núñez, 2001), una incómoda proximidad con los denominados asentamientos informales, en las adyacencias de la zona norte del arroyo La Tapera y de los bordes del aeropuerto.

Plano 1. Situación del sector

Plano 1.

Fuente: elaboración propia sobre aerofoto Google Earth, año 2003

Si bien estos contrastes y adyacencias entre barrios cerrados y asentamientos precarios no constituyen una observación novedosa, me interesa señalar algunos aspectos de esta complejidad. Por un lado, la presencia de equipamiento público, como el aeropuerto, el Parque Camet, un centro deportivo inconcluso y la escuela N.º 11. Luego, la avenida Gandhi, que vincula la ciudad con el parque público y la zona norte, esta última también de ocupación diversa, como el barrio denominado Las Dalias, centro de salud e iglesia evangélicos. Más lejano, el Club barrial deportivo Estrada, sobre la calle San Francisco de Asís, donde concurren muchos niños y jóvenes del sector del asentamiento. En conjunto forman parte de la territorialidad de la población del sector más crítico del asentamiento. Este pequeño fragmento es uno de los espacios de partido que manifiesta en forma más extrema contrastes tan próximos y una extrema fragmentación y desigualdad.

Las citadas descripciones remiten a aspectos de dinámicas de ocupación territorial que no son ajenas a discusiones teóricas en el ámbito metropolitano; por lo tanto, es interesante enunciar estas observaciones coincidentes, en este caso, para una ciudad intermedia como Mar del Plata. En esa línea argumentativa puede resultar de interés explicativo la idea de “entre ciudad” (Novick, 2017), que quizás permita otros acercamientos teóricos a estos espacios complejos, con entramados muy heterogéneos de actores y lógicas, informes e inasibles, que no se explican con nociones duales, formal o informal.

2.2. Instituciones y organizaciones instaladas: conectividad, fragmentación y vacío liberado a las sombras

Este punto tiene como objetivo analizar la presencia y vínculos entre instituciones, organizaciones civiles y estatales y referentes barriales e indagar en la capacidad institucional instalada y posibles grados de conectividad.

Gráfico 1: Situación inicial de actores y vinculaciones

Respecto de las instituciones y organizaciones, las más próximas en cuanto constitutivas de la territorialidad cotidiana de esta población son la escuela N.º 22 como ámbito educativo y luego dos comedores comunitarios, Los Pekes y Ayelén (gráfico 1). Estos últimos canalizaban algún tipo de asistencia y, sobre todo el segundo, contaba con apoyo privado y programas del Estado, brindaba en forma más sistemática alimentación a una importante cantidad de niños y madres del sector. También ambos eran funcionales de manera discontinua y precaria en sus apoyos a actividades de distintas agrupaciones políticas. La más sostenida fue la acción de la agrupación peronista denominada “Descamisados” en el comedor Los Pekes.

La escuela más próxima es la N.º 22, Jorge Newbery, luego más distante está la escuela N.º 11. El centro de salud y el centro de protección del niño se encontraban en una órbita más lejana, con problemas de accesibilidad en caso de urgencias. Respecto de la sociedad de fomento, tal como se mencionó, no tiene presencia activa en este sector, y los vecinos tienen una percepción negativa de su participación en la solución de sus problemas, lo que se evidencia en el silencio, o en algunas expresiones “no viene nadie de la sociedad de fomento… estamos siempre igual (…) hacen política… no ayudan a la gente… necesitamos traer el agua hay muchos chicos aquí” (entrevista informal a Ramón Villa, 2004).

En relación con la situación precaria del sector, la única presencia del estado municipal ha sido a través de Obras Sanitarias Sociedad de Estado (en adelante OSSE), a partir de la instalación de una bomba de agua para uso comunitario en el centro de la manzana (gráfico 1).

2.3. Aspectos materiales de un fragmento «colapsado»

Precariedad habitacional, estructura de manzana preurbana y clanes familiares

En los inicios de este trabajo de I+D, a mediados de la década 2000-2010, el área no había sido objeto de políticas de desarrollo en ningún nivel, ni locales, provinciales o nacionales. Se verificaba una muy débil presencia del Estado; solo el programa Barrios Bonaerenses y una gestión vecinal frente al organismo de OSSE, por una bomba manual de agua. Asimismo, la acción fomentista no había considerado la integración de este sector a sus objetivos.

Una serie fotográfica de situación inicial de las familias ilustra sobre estos aspectos materiales: fotos 1, 2 y 3 (aerofoto 1, 2004).

Aerofoto 1 y serie fotos: situación territorial. Etapa inicial de proceso. Año 2004

Aerofoto 1 y serie fotos:

El área de asentamiento está constituida por ocho hectáreas próximas a la avenida Gandhi. Todo este sector carecía de agua corriente, cloacas y de red eléctrica formal. De escasa densidad, no existía una estructura formal urbana respecto de división y uso de la manzana, tal como lo testimonian las huellas de uso público en el terreno, marcas de recorridos internos de una calle a otra, la mayoría conducentes a la bomba de agua comunitaria (plano en gráfico 1).

En la manzana sobre Gandhi, se registraban aproximadamente diez construcciones de viviendas precarias, de chapa y madera o combinadas con algún muro de ladrillo. Se destaca la construcción de material de la esquina de Gandhi y Anchorena, la familia de Graciela Villa, vivienda y comedor comunitario “Los Pekes”. La manzana adyacente, hacia el oeste, era de similar densidad y características precarias.

Una lectura comparativa expresa diez años de dominante inmovilidad, de cierta inercia sin diferencias sustantivas. Así, sistémicamente hundido, tanto como ocurre en forma literal en cada tempestad con las inundaciones de la calle Anchorena, desde Gandhi hacia el oeste (fotos 1 y 2, año 2019).

Fotos 1 y 2. Situación de calles año 2019

Fuente: elaboración propia

No obstante, hay señales iniciales de las capacidades y conectividad de este territorio. Una práctica casi invisible como la autogestión de una bomba comunitaria por parte del vecino Miguel Farías marca un indicador de esperanza para un posible impulso hacia un desarrollo colaborativo.

2.4. Redes intersectoriales para el acceso al agua: activación de la sociedad local

En los inicios de la primera acción colectiva, se abre una temporalidad diferente en el asentamiento popular. Lenta pero progresiva y de itinerarios nada lineales. En una coordenada específica entran en juego un referente y una red asociativa para la resolución de una urgencia: el problema del agua. Estos materiales constituyen un primer aporte de resultados a las preguntas y planteos teóricos que he enunciado en la introducción.

El gráfico 1 (primera columna) muestra una aproximación de las redes instaladas en la situación inicial de esta experiencia. También en el mapa de situación inicial del gráfico 1, el acercamiento a partir de la red de agua permitió conocimiento sobre la forma de ocupación de las manzanas en clanes familiares: Villa (parcelas 3 y 4, mzna. 75 y 9 de la mzna. 74), Farías (parcelas 5, 6, 7 y 8, mzna. 75), Rios (parcelas 14 y 16, mzna. 74) y Etchegaray (parcelas 13 y 14, mzna. 74).

Sobre capacidades y destrezas ellos se desenvolvían dentro de ocupaciones de carácter precario (changas ligadas a la construcción, ayudante de cocina en restaurantes, tareas de recicladores, jardinería y algún plan oficial ligado a la construcción, entre otros). En efecto, entre estos vecinos se destacó Miguel Farías (p. 7, mzna. 74); tanto él como su hermano y yerno, en distintos grados, tenían saberes idóneos y ejercían tareas en el área de la construcción. Pero fue la especial capacidad de gestión y comunicación de Miguel Farías la que permitió vinculaciones y abrir posibilidades de ampliación de la territorialidad local, y así favorecer conectividad para la circulación de saberes, técnicas y recursos en función comunitaria para la resolución de problemas.

Tal como se observa en la construcción del gráfico 1, este vecino que denominaré “experto territorial” se constituye en el centro de la red. La comparación con la situación inicial del año 2003 testimonia cambios hacia un registro de la conectividad más jerarquizada; los vectores lo vinculan con OSSE, con el grupo del Programa Hábitat y Ciudadanía de la UNMdP (en adelante PHyC)3, que implicó contactos con varias facultades, y finalmente, con los propios vecinos, donde emergieron sus atributos personales de líder natural y sus cualidades de gestor-coordinador. La territorialidad 1, existente (T1-gráfico 1) integra centro de salud, escuelas N.º 2 y N.º 11, comisaría séptima y centro de protección al menor.

Además de encontrarse entre las primeras familias en habitar ese sector del asentamiento, sus saberes y habilidades, como también su generosidad, lo legitimaron a partir de la confianza que conquistó entre los vecinos. A la vez se constituyó en el pilar de este trabajo colaborativo. Abrió asimismo una suerte de portal en este tejido colapsado y aislado. Junto con el acceso al agua, se inició un incipiente flujo de recursos. De gritos por derechos silenciados que fortalecieron la circulación de afectos y confianza, adquiriendo también una visibilidad pública de este sector hundido en la nada de una natural resignación.

Dentro de ese mismo espacio, otros grupos desplegaban sus prácticas con estrategias diversas, constitutivas de lo que definiré como territorialidad negativa (-T2- gráfico 1). Si bien con una órbita en principio lejana, la presencia de su gravitación pesaba y se transmitía en la percepción de los vecinos. Con formas más o menos abiertas y frontales de ejercer el poder y el miedo, en alianzas con la sede policial séptima, distintos testimonios ligaban estas prácticas a las estafas de tierras, la delincuencia y el negocio de drogas.

2.5. Acuerdos y estrategia colaborativa para una red precaria de agua

A partir de lo observado en las entrevistas de la etapa de diagnóstico, y fundamentalmente de la observación e interacción barrial con los vecinos, existía una demanda y acuerdo en que el acceso al agua era el problema urgente que resolver. De hecho, el citado referente vecinal Miguel Farías ya había dado un paso con su iniciativa de gestionar una bomba de agua manual comunitaria que fue instalada en el lote adyacente a su precaria vivienda.

Esta práctica, además de testimonio de una pionera acción institucional formal de un vecino con OSSE, era también una señal elocuente de su iniciativa y capacidad de autogestión. Miguel Farías ofreció uno de los lotes, la parcela 8, que ocupaba para su colocación y uso comunitario (aerofoto 2)

No había agua, había que cargarla de lejos …como se podía (…) fui a la salita y hablé con la asistente social y le expliqué… Ella me ayudó con el trámite, fui a obras sanitarias y vinieron a ver… Yo les dije que pongan la bomba en este terreno (…) venían todos a buscar agua… Me encargué luego de mantener limpio y cortar el pasto. (Entrevista a Miguel Farías, 2006)

Aerofoto 2. Aproximación a la red. Familia Farías

Fuente: elaboración propia de datos sobre aerofoto Google Earth, año 2005

Esa acción concreta anunciaba su proyección comunitaria. Farías se constituiría en centro de un desarrollo colectivo para instalar dos tanques comunitarios y una red de agua domiciliara en carácter precario. En las distintas instancias de la trayectoria de este desarrollo, tanto de gestión institucional, en las vinculaciones técnicas con los profesionales de OSSE, como en el liderazgo con los vecinos, Farías fue protagonista y partícipe activo de cada decisión.

Un convenio cuatripartito entre OSSE, la Universidad Nacional de Mar del Plata a través del PhyC, responsabilidad de quien escribe, la Municipalidad de General Pueyrredon (en adelante MGP) y los vecinos de las manzanas 74 y 75 del barrio denominado Alto Camet, en representación de Miguel Farías, permitió el siguiente acuerdo de partes. OSSE4 aportó tanques, bomba subterránea, mangueras y canillas; la MGP materiales para construcción de estructura de hormigón de soporte de los tanques; la UNMdP-PHyC en territorio, los saberes tecnológicos y técnicos para realizar autoconstrucción asistida y los vecinos la provisión de la parcela 8, la coordinación conjunta con el PHyC, tareas de construcción del tanque y cavado de zanjas para colocación y distribución de mangueras a los distintos hogares (gráfico 2).

La estadística construida demuestra que el mayor porcentaje de saberes correspondía al campo de la construcción. En efecto, Miguel Farías tiene destrezas para la construcción. Su clan familiar ha tenido un papel importante en la ejecución; fueron destacables los conocimientos técnicos de su hermano Carlos Farías, que trabajaba en ese momento en la construcción de viviendas para una inmobiliaria de la zona (aerofoto 2).

Gráfico 2. Situación red de agua comunitaria (2006-07)

Ejemplo de participación concertada y creatividad fue el problema de la falta de madera para el encofrado de las columnas. La propuesta colectiva de solución consistió en utilizar material disponible de caños de PVC de 20 cm. El resultado obtenido fue una celebrada estructura de hormigón con columnas circulares (serie fotos 1).“Lo decidimos con Miguel (Farías) y Rodolfo (García Palacios, profesional del PHyC) (…) Justo teníamos esos caños ahí y yo le dije que andaban (…) A todos les gustó …Parece una columna de la ciudad” (entrevista informal a Carlos Farías, 2009).

Además de su hermano, Carlos Farías, que en forma simultánea completaba su vivienda en el mismo lote, al frente, también el yerno de Miguel Farías, Oscar, conocido como “Tarzán”, líder barra brava de Aldosivi, club de fútbol local (casilla en p 5 y 6, mzna 74) aportó una significativa participación en el trabajo colectivo. Ramón Villa, de perfil más cauto y distante, de difícil acercamiento en un primer momento (p. 3 y 4, mzna. 75) demostró atención, voluntad y disciplina en todo el proceso de trabajo de excavación para colocación de mangueras.

Nosotros hicimos enseguida los pozos (…) Miguel les iba a hablar a los Echegaray de la esquina de Gandhi no terminaban (…) Hay muchos chicos aquí y queríamos conectar el agua (…) Marcela estaba cansada de bombear y traer el agua de allá… Cuando venía de laburar iba yo (…) Cruzamos la calle con la manguera y dejé una canilla afuera …cuando pude puse una adentro de la casa. (Entrevista informal Ramón Villa, 2009)

Serie fotos 1. Construcción de tanques de agua, año 2004

Fuente: archivo fotográfico propio

La construcción colectiva de los tanques se desarrolló con una espontánea colaboración y articulación de saberes profesionales y técnicos con idóneos de la cultura material popular. Ingenieros del entonces Programa Hábitat de la MGP, además de los materiales, aportaron detalles y cálculos de la estructura de hormigón; profesionales y técnicos del PHyC y de OSSE trabajaron en forma cooperativa con idóneos del barrio (serie fotos 1 a-replanteo). Se puede ver a Carlos Farías, al fondo, inclinado atando el hilo para marcar las columnas, y de espaldas a Oscar “Tarzán”, quienes fueron parte del grupo de vecinos que sostuvieron la iniciativa barrial. En un marco de autoconstrucción asistida, con la coordinación comunitaria de Miguel Farías, este proceso ha tenido un considerable impacto, hacia dentro, en la historia de este asentamiento (serie foto 1, b-estructura) y hacia afuera, tanto en la difusión como en lo institucional.

Técnicos y profesionales de OSSE conectaron los tanques y colocaron una bomba subterránea (ver serie foto 1, b-estructura y conexión de tanques). Finalmente, la inauguración del abrazo de los técnicos de OSSE con Farías. Farías a la derecha con gorra, con un niño que abre el primer chorro de agua (foto 2).

Foto 2. Inauguración de red de agua comunitaria

Fuente: archivo fotográfico propio

Tal como también se observa en la distribución de la red precaria (plano en gráfico 2), trece familias accedieron en forma inicial a tener agua potable dentro de sus lotes; en forma progresiva se conectaron aproximadamente treinta familias que carecían de ese servicio. La instalación de la bomba subterránea y la anulación de la bomba manual implicó ir cerrando el uso comunitario del centro de manzana y con ello la forma pre-urbana de manzana atravesable por senderos. Miguel Farías asumió el cuidado y control de su lote, que perdió progresivamente su carácter de pasaje público.

3. Urbanización popular y políticas públicas: vinculaciones, divergencias y productividades de las experiencias informales de acceso al agua

3.1. Disputas territoriales: entre intentos cooperativos truncos y bases para nuevas políticas

Esta experiencia colaborativa de cogestión intersectorial e interinstitucional desde la Universidad Nacional de Mar del Plata, a partir del PHyC, figura como antecedente principal, en el año 2006, de una propuesta, en el marco del entonces denominado “Programa Agua + Trabajo”, para la red formal de agua del sector norte del Partido de General Pueyrredon. Presentaré algunos trazos y materiales de esta propuesta a fines de la argumentación de este trabajo en cuanto a sentido e impacto de la pequeña experiencia de la red precaria de agua en posteriores decisiones de políticas públicas en el partido de General Pueyrredon.

Con un rol central en la iniciativa de OSSE, y con la participación de una jurisdicción nacional, el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento, se aplicaría en el sector que abarca y amplía en la zona comprendida entre los barrios Fray Luis Beltrán y Las Dalias – Alto Camet, delimitados por las calles Fray Luis Beltrán, Las Maravillas, Vuelta de Obligado (planos 1 y 2). En este caso, y con un promisorio planteo de base cooperativa promovido por OSSE, se firmó un convenio entre la Municipalidad de General Pueyrredon (MGP), representada por OSSE, y el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento. Se instruyó al área de Promoción Social de OSSE y al nuevo sector de Cooperativas de la Secretaría de Producción de la MGP para la formación de un equipo con referentes barriales desocupados que pudieran participar en el proyecto. Así se trabajó en la formación y capacitación de la Cooperativa N.º 1 denominada “Por nuestros derechos”, constituida por aproximadamente veinticinco vecinos desocupados, quienes se reunieron durante ocho meses con el objetivo de capacitarse y organizar su funcionamiento.

Plano 1. Obra tendido de agua

Fuente: planos proporcionados por Secretaría de Planeamiento Urbano Municipalidad de General Pueyrredon. Gentileza Ing. Leda Tidone

La dirección del área de cooperativa, ocupada por un referente del entonces incipiente movimiento social “Barrios de Pie”, propuso como lugar de reunión una casa del barrio para la convocatoria entre los vecinos, en especial con aquellos de activa participación en el reclamo del agua. En este punto se iniciaron conflictos que dividieron en dos la posible red de gestión. Por un lado, la alianza entre el MGP- Secretaría de Producción y la agrupación Barrios de Pie por el control político y económico de la cooperativa y, por otro, OSSE, instituciones de capacitación cooperativa y los vecinos que impulsaban modos más abiertos y sin mediaciones externas de participación local.

Se percibió claramente que muchas de las personas que asistían, como la dueña de casa, eran referentes del partido. Se presenciaron acciones coercitivas de la encargada municipal con su doble rol de referente del movimiento, con el posterior rechazo y alejamiento de vecinos (…) En cada reunión convocada por el municipio se fueron sucediendo tensiones por el plantado de banderas del movimiento en la puerta y en el interior de la casa, y el reclamo de sacarlas y ubicar los marcos institucionales por parte de OSSE.

A esta serie de conflictos entre estas partes, se suma la presencia de nuevos integrantes que no pertenecían al barrio, y que tendrían roles centrales de poder en la cooperativa. Esto generó un rechazo y alejamiento de vecinos.

Ya completados los ciclos de talleres (…) se percibe en la reunión tres nuevos miembros dicen ser de Berisso y La Plata, siendo presentados en ese momento por la referente el movimiento como “ellos serán el tesorero, el secretario y el presidente de la Cooperativa (…), quienes manejarían los fondos del subsidio que sería otorgado a la cooperativa. Ante esto se desmorona este proyecto (…) Como responsable institucional de OSSE di de baja el proyecto. (Entrevista a la Lic. Améndola, responsable institucional de Promoción social OSSE, 2010)

Tal como lo señala este testimonio y la evidencia de documentación elaborada y archivada (planos 1 y 2), esta iniciativa de OSSE para la gestión de la primera cooperativa formal de trabajo fue trunca. Las organizaciones, instituciones y personas participantes no lograron construir redes cooperativas para el desarrollo; las disputas por el control de la cooperativa y de los recursos mataron esta posibilidad.

En este sentido, y a modo de un espejo negativo de la experiencia de este trabajo, otros constructores de territorialidad negativa han operado con lógicas de expropiación y disolución de las redes colaborativas locales. Se ha sustraído a la posibilidad “cooperativa” todo su potencial asociativo y emancipatorio para ser funcionales a estrategias tanto de estos grupos como de control y reproducción del Estado.

Plano 2. Obra: tendido de red cloacal

Fuente: planos proporcionados por Secretaría de Planeamiento Urbano Municipalidad de General Pueyrredon. Gentileza: Ing. Leda Tidone

3.2. Urbanización Popular, agendas estatales y tecnología de gestión

Finalmente, entre 2007-2008 se abre otra propuesta con otra cooperativa, otros actores responsables de las áreas públicas, pero con estrategias de control más verticales, sin participación vecinal y con una apropiación de la iniciativa barrial, cuyo rol sería la mano de obra. Sin embargo, los efectos de esta práctica inicial de acceso al agua no se perdieron, y su referencia fue central en las decisiones sobre asignación de las obras en asentamientos populares en el partido (Ispizúa, 2023). Las Dalias fue el primer barrio donde se implementó el programa A+T. Esta experiencia colaborativa de cogestión intersectorial e interinstitucional fue el primer antecedente, en el año 2006, del Plan A+T.

Este programa fue un instrumento de gran escala en el plano local y nacional creado en 2004 desde el Ejecutivo nacional, con el objetivo doble de inclusión laboral de la sociedad local y de acceso del servicio de agua a la población que habitaba fuera del ejido urbano. Esta articulación de provisión del servicio con la generación de trabajo se efectivizó con la constitución de cooperativas barriales que debían estar integradas por dieciséis vecinos desocupados, de los cuales al menos ocho debían ser beneficiarios de los programas sociales entonces denominados “Jefes de Hogar” y “Empleo Comunitario”.

Esto implicó una ampliación de actores y vinculaciones que excedían el orden local, con una articulación de entes nacionales, el gobierno local, organizaciones populares y vecinos en organizaciones cooperativas con roles de financiamiento, administración y ejecución, en ese orden. Así el Ente Nacional de Obras Hídricas y Saneamiento (ENOHSa) aportó el total del financiamiento transferido a los municipios, en la dependencia de OSSE, para la ejecución de las obras en formato de cooperativas.

En el Partido de General Pueyrredon entre 2008 y 2015 se ejecutaron en la ciudad 103.915 metros de cañerías (tabla 1) y 5034 hogares, en siete barrios que no contaban con servicio, situados todos fuera del ejido urbano (plano 3) (Ispizúa, 2023).

Los aportes de la investigación de Ispizúa (2023) son muy sugerentes.

Hubo una relación directa con la capacidad de presionar por parte de los dirigentes barriales a la dirigencia de la empresa municipal. Todos eran proyectos que venían con arrastres de no menos de cinco, diez años, pero se priorizaron las obras donde los dirigentes tenían peso o incidencia… La priorización fue política más que técnica-operativa. El programa estaba claramente atravesado por las coaliciones políticas de ese tiempo, y se realizaba en función las demandas territoriales. (Entrevista a técnicos, Ispizua J., 2021)

Es decir, en los barrios donde se implementó el programa, ya existían estrategias y diversos activismos colectivos para el problema del agua; ese aspecto priorizó la selección de los barrios donde se ejecutarían obras. Tanto las referencias a redes co-construidas de vinculaciones con actores del tejido social como los saberes instalados respecto de destrezas para autogestión y autoconstrucción favorecieron decisiones y funcionamientos.

Plano 3. Obras ejecutadas entre 2008-2015

Fuente: OSSE, dato gentileza Ispizúa, 2021

Luego, esta práctica alternativa fue también la base para la creación de la Unidad Ejecutora Hábitat y Ciudadanía (entonces Decreto 1420-2008), que vinculaba OSSE con dependencias del estado municipal y el grupo de Investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata5. Considero esta construcción institucional una destacable innovación en tecnología de gestión, como alianza científico-política, y un paso en la solución a las conocidas fragmentaciones e incomunicaciones entre ámbitos académicos y estatales.

Con una trayectoria caótica de tensiones y conflictos por el incumplimiento de acuerdos, luego de más de una década, el ente responsable del acceso al agua y el grupo de investigación como actores relevantes, con otros integrantes y responsables por parte de los distintos organismos, renovaron el decreto en el año 2021 (Decreto 1496/21). Nuevamente, aquel antecedente del año 2005 fue fundante para la esta reedición:

Considerando que tal propuesta surge como resultado de la experiencia positiva emergente del convenio de cooperación firmado en el año 2005 se propone renovar la Unidad Ejecutora para la creación de sistemas alternativos de agua entre OSSE y el grupo de investigación. (Decreto 1496/21)

Se puede verificar así que esta práctica alternativa del año 2005 no solo fue una base pionera para la asignación de políticas nacionales de acceso al agua en barrios populares, sino también un fundamento para innovaciones en gestión, de sumar capacidad institucional con otros modos de gobernanza que incluyeran al actor científico tecnológico, y apostar así a otros modos de pensar las relaciones entre ciencia y política.

En esa dirección, y a modo de cierre con otra temporalidad histórica, es imposible evitar un salto a los años 2020 y 2021. El grave contexto de emergencia sanitaria generado por la COVID-19 puso de manifiesto y estalló en forma extrema problemas ya existentes de acceso a la tierra, infraestructuras de servicios básicos y vivienda. Esta catástrofe sanitaria también puso en evidencia otros dos aspectos: por un lado, las serias limitaciones e incapacidades del Estado para dar soluciones a estas urgencias territoriales y, por otro, se manifestó el rol activo y efectivo de las organizaciones sociales e instituciones de base territorial, tal como se ha discutido en encuentros intersectoriales como los organizados en la UNR (Barreto & Abildgaard, 2021).

Las nuevas políticas de integración sociourbana (2020-23) efectivizan con osado espíritu fáctico y necesaria irreverencia los impulsos de los procesos locales de urbanización popular. Se construye en una operación, a modo de escritura sobre una página en blanco, y de un plumazo acciona un gran paso hacia derechos pendientes6. Una suerte de salto de caballo sobre el mayor obstáculo histórico para el acceso a la vivienda en sectores populares: la ausencia de una política global de tierras en el gobierno local.

Las redes construidas tienen un sentido, creo anticipatorio, como anclajes para insertar políticas públicas de urbanización de barrios populares. La historia del presente, aún con las incertidumbres de difíciles tiempos electorales en este 2023, nos encuentra en el umbral de una utopía concreta, donde el Estado nacional con un rol más central ha avanzado en conquistas que posibilitan que las redes instaladas y los actores vecinales y la sociedad local sean parte de un potencial de integración en construcción y discusión. Lo precedente implica tanto modos de participación en el proceso de organización, gestión y de ejecución de estas políticas como también los necesarios desafíos de vinculación entre políticas de Estado y agrupaciones sociales y políticas de base territorial con organizaciones de la sociedad civil y grupos de áreas científico-tecnológicas7.

4. Discusión muy provisoria

“El experto y la red” o “el experto en la red”: ¿Dónde anida la urbanización popular?
Plantearé las siguientes preguntas para una breve discusión de resultados de esta experiencia colectiva de acceso al agua: ¿cuáles son los aportes teóricos de esta práctica colaborativa en un marco de tecnología social? y ¿cuál es su contribución para intentar situar en otro punto el debate sobre la “urbanización popular”?

Para dar respuesta a estas preguntas, vuelvo sobre aspectos centrales de la construcción empírica de este trabajo: comunicación, participación y modos de vinculación y distribución de poder entre el grupo social vecinal “experto” y los diversos actores, sociales, institucionales y políticos, que constituyen la red. En ese orden, organizaré en dos puntos esta discusión parcial.

El “experto territorial”: “subversión” epistémica y política
El acuerdo colectivo sobre la persona o grupo social relevante que ha constituido el anclaje territorial de esta experiencia fue un paso central para cruzar esta suerte de abismo entre el planteo del problema colectivo y su solución. Cuatro órdenes de destrezas del vecino relevante han sido claves en el éxito de este desarrollo: consenso como referente vecinal, vocación por el trabajo colectivo y capacidad de organización, saberes técnicos o prácticos idóneos y conocimiento del territorio local.

En ese sentido, y en adhesión a los fundamentos de las “tecnologías sociales” sobre la legitimidad de diversidad de conocimientos, estas destrezas implican a mi entender una especial “experticia” territorial de la que también soy deudor. Si bien no es novedoso, me parece oportuno renovar aquí el planteo de una subversión8, epistémica y teórica, pero también política de la noción ortodoxa de experto, en general circunscripta a la formación profesional académica o técnica especializada. Esto implica tres aspectos: dar existencia, visibilidad y validación a estos conocimientos, integrar y ceder poder a actores locales con consenso genuino para el desarrollo de una política pública y reconocer el obstáculo de problemas de formación disciplinar del arquitecto para interactuar en prácticas de construcción colectiva.

Estos resultados son sugerentes para pensar otras maneras de construir una política pública y otras formas de democracia, con diferentes lógicas de participación en los procesos, más directas, más abiertas y sin mediaciones.

“El experto territorial en la red” y el actor científico tecnológico:  estrategias colaborativas sobre lo informe y emergente
Retomo aquí la cuestión central de la introducción: ¿cuál es el aporte de esta experiencia a la discusión sobre qué es la urbanización popular? En este sutil juego de una palabra de la frase que preside esta discusión, experto yla redo experto enla red, propongo aquí unas breves reflexiones que tocan órdenes tanto epistémicos y teóricos como estratégicos y políticos.

Vuelvo sobre la acepción inicial de “urbanización popular” entendida como conquistas de acceso a infraestructura y/o equipamiento público logradas por prácticas de un activismo dominante de grupos populares que, también asociados a otros actores, accionan frente a organismos formales estatales y económicos. Asimismo, este activismo se piensa, en términos globales, como vectores de presión que pujan en una sola dirección, es decir, desde los territorios pobres al Estado, para el acceso formal a soportes habitacionales para la vida. Esta perspectiva no es suficiente para entender el funcionamiento de estos procesos complejos, intersectoriales e interinstitucionales, que implican diversidad de actores, en sus posiciones y configuraciones variables de vinculaciones en el tiempo. Los resultados de este desarrollo evidencian este entramado diverso.

Creo que un paso más preciso en esta definición sería definir a una práctica de urbanización popular como un espacio histórico de interacción de actores en una suerte de brecha fronteriza, informe y difusa, donde se juegan fuerzas cruzadas de distinta índole, tanto creativas como disruptivas. Este espacio tiene una lógica de prácticas más rizomáticas que lineales o planificadas, que tensionan y abren caminos diversos de conquistas en los puntos más débiles o grises de las estructuras políticas y técnico-administrativas del mundo formal y sus legalidades. Se trata de lugares de cierta hibridez o marginalidad, que enuncio aquí como “entresistema”, y que son estratégicamente convenientes para alguna innovación.

Así se inauguran “otros posibles” en esta trayectoria que, como una co-construcción emergente, redefine a cada momento, con cada problema, disputa de intereses y obstáculos los tipos de relaciones entre vecinos, instituciones, empresas, dependencias del Estado, jurisdicciones, legalidades diversas y lábiles, organizaciones de la sociedad civil, agrupaciones políticas y la universidad o sistema científico, en este caso actor analítico y cocreador de este proceso. Así fue la trayectoria que llevó desde aquella primera experiencia colaborativa de acceso al agua (2005) al Programa Nacional Agua +Trabajo (2008), a la Unidad Ejecutora (2008-2021) y luego las obras de integración sociourbana en barrios populares (2019-2023).

En esa línea, los interrogantes que me interesa introducir refieren a qué tipo de lucha, quiénes la constituyen, cómo es la participación y cuál es la distribución de poder en relación con los actores vecinales relevantes. Esta argumentación lleva al nudo más específico para pensar la urbanización popular: ¿quién es el sujeto activo, político dominante en cada movimiento de una trayectoria?

La posición específica del grupo experto territorial como sujeto colectivo activo de decisiones, en el conjunto de vectores diversos de poder de una red colaborativa, es lo que define en cada punto de una trayectoria si una práctica es urbanización popular o pertenece a otro orden funcional a otros intereses. Las formas de estos vínculos de acuerdos, conflictos, tensiones y negociaciones en las redes son unidades de observación privilegiadas para indagar y ampliar la conceptualización sobre qué es urbanización popular. Por ello se constituye en cada punto como práctica situada. Estas cuestiones permiten abrir otras conceptualizaciones posibles, en relación con el ideal o a veces mítico acto único y total, que presiona desde los territorios al mundo formal y donde el activismo popular logra resistir, tensionar e imprimir su victoria a partir de una demanda al Estado.

Los resultados de este trabajo testimonian una construcción en una temporalidad de larga duración, en una trayectoria compleja y en un campo asimétrico de lucha y de disputa, de conquistas y fracasos de héroes anónimos. En ese espacio informe, que he denominado gris, en las brechas encontradas en el sistema por estas alianzas colaborativas, se anclan simientes para innovaciones en las estructuras políticas y sus vínculos con la sociedad civil, como también la posibilidad de abrir caminos para otros modos, activos y creativos, para pensar roles del actor científico tecnológico.

Así, a modo de otros pasos en la citada secuencia de urbanización inversa, estos materiales demuestran también la necesidad de ampliar las articulaciones de campos teóricos para una comprensión más amplia de las políticas públicas. En ese sentido, la denominada “urbanización popular” no solo contribuye a explicar efectos inmediatos de accesos populares a infraestructura, sino también consecuencias más mediatas, tanto como soporte de políticas públicas como también —en un marco sociotécnico de participación de la ciencia como tecnología de gestión— de reformas e innovaciones en sumar capacidades y eficacia de acción interinstitucional para resolver problemas.

Finalmente, estas experiencias y este texto son también una simple aspiración compartida de prácticas de lo posible en un océano inalcanzable de problemas, de esperanzas en lo imposible, a modo de pequeños oasis que crecen en las fisuras de rocas y convocan a seguir creyendo en el asombroso y divergente humano, tanto voraz y destructivo como capaz de una creatividad y bondad sin límites.

Notas

  1. XXIX Encuentro de la Red Latinoamericana de Cátedras y Espacios Formativos de Vivienda, Universidad Federal de Rio Grande del Norte, Natal, Brasil.
  2. En este sentido, es inspirador el programa propuesto Emilio Pradilla: “El camino es estudiar a fondo, estructural, empírica y factualmente, las realidades, procesos (..) de los territorios latinoamericanos para caracterizarlos plenamente. Sólo entonces podremos construir los conceptos correctos que los describan (..) y los nodos primarios y secundarios del capitalismo imperialista de hoy”. Ver La mundialización, la globalización imperialista y las ciudades latinoamericanas, en Revista Bitácora Urbano Territorial, Vol. 15, Núm. 2, UNC, 2009.
  3. El PHyC se conformó posteriormente a la experiencia expuesta en este artículo. En ese entonces se denominaba Grupo de Investigación Acción sobre urgencias del hábitat (FAUD-UNMdP).
  4. Destaco la tarea de co-gestión realizada con el entonces presidente de OSSE, Arq. Carlos Katz, como también la tarea de apoyo desde el área de Institucionales llevada adelante por la Lic. Viviana Améndola.
  5. Por Decreto 1420/2008 se crea la Unidad Ejecutora Hábitat y Ciudadanía, integrada por las Secretarías de Obras y Planeamiento Urbano y de Desarrollo Social de la Municipalidad de General Pueyrredon y OSSE y la Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño para llevar adelante un programa para viviendas en riesgo. Fuente: Decreto 1420/2008.
  6. La Secretaría de Integración Sociourbana se plantea como objetivo “garantizar el acceso a la red de agua, cloacas y electricidad, así como regularizar la tenencia de la tierra en favor de los vecinos y vecinas de los más de 4400 barrios populares del país”. En https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/integracionsociourbana
  7. Los antecedentes y experiencia de acceso al agua y las experiencias de construcciones institucionales como la referida Unidad Ejecutora Hábitat y Ciudadanía (Decreto 1496/21) nos han permitido, en el marco de las nuevas políticas de integración sociourbana, profundizar otras asociaciones científico-políticas y la sociedad local para ejecutar obras de infraestructura en los barrios El Caribe (EX-2022-120211742- -APN-CEFISU#MDS) y Villa Evita (EX-2023-05088266- -APN-CEFISU#MDS) en Mar del Plata y su Partido de General Pueyrredon.
  8. Del latín subvertor: trastocar, dar vuelta .

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