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ISSN: 1666–6186 / E-ISSN: 1853–3655

DE LA CARTOGRAFÍA A LA REHABILITACIÓN: APROXIMACIÓN METODOLÓGICA A LA VIDA COTIDIANA DEL BARRIO CARLOS GARDEL (SUVAP-MORÓN) — Cuaderno Urbano
Recibido: 13/06/2025  ·  Evaluado y aprobado: 10/03/2026

DE LA CARTOGRAFÍA A LA REHABILITACIÓN: APROXIMACIÓN METODOLÓGICA A LA VIDA COTIDIANA DEL BARRIO CARLOS GARDEL (SUVAP-MORÓN)

Diego Martín Fiscarelli

Doctor en arquitectura y urbanismo (FAU-UNLP). Especialista en Investigación Proyectual orientación vivienda (FADU-UBA). Investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con lugar de trabajo en el Centro de Estudios del Habitar Popular, del Departamento de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional de Avellaneda (DADU-UNDA). Docente universitario de las asignaturas Teoría de la Arquitectura e Historia de la Arquitectura.

Artículo

Resumen

Este artículo aborda el Barrio Carlos Gardel (Morón-AMBA), articulando espacio urbano y vida cotidiana como claves para orientar la rehabilitación de conjuntos habitacionales estatales. Se ensaya la Plataforma Crítica del Habitar, que organiza variables espaciales, sociales y simbólicas como insumos proyectuales. A partir de una lectura cartográfica preliminar (SIG/QGIS) y de fuentes secundarias, se analizan patrones de accesibilidad, apropiación y relación en tres escalas urbanas —vecinal, barrial y suprabarrial— y tres dimensiones del habitar —equipamiento, transporte y espacios de relación—, conformando una matriz analítica guiada por trayectos habituales y accesibilidad como condición del derecho a la ciudad. Los resultados muestran tensiones y oportunidades que trascienden lo físico, habilitando estrategias de intervención urbana acordes con la experiencia cotidiana.

Palabras clavevida cotidiana, vivienda social, proyecto arquitectónico, rehabilitación

Abstract

FROM CARTOGRAPHY TO REHABILITATION: A METHODOLOGICAL APPROACH TO EVERYDAY LIFE IN CARLOS GARDEL (SUVAP-MORÓN)

This article analyzes the Carlos Gardel neighborhood (Morón-AMBA), linking urban space and everyday life to guide the rehabilitation of state-produced housing complexes. It introduces the Critical Platform of Inhabiting, which organizes spatial, social, and symbolic variables as design inputs. Based on a preliminary cartographic reading (GIS/QGIS) and secondary sources, it examines patterns of accessibility, appropriation, and connection at three urban scales—neighborhood, district, and supra-district—and three dimensions of inhabiting—facilities, transportation, and spaces of relation—forming an analytical matrix guided by everyday trajectories and accessibility as a condition of the right to the city. The results reveal tensions and opportunities that go beyond the physical realm, enabling urban intervention strategies aligned with everyday experience.

Keywords

everyday life, social housing, architectural design, rehabilitation

Resumo

DA CARTOGRAFIA À REABILITAÇÃO: ABORDAGEM METODOLÓGICA DA VIDA COTIDIANA NO BAIRRO CARLOS GARDEL (SUVAP-MORÓN)

Este artigo analisa o Bairro Carlos Gardel (Morón-AMBA), relacionando espaço urbano e vida cotidiana para orientar a reabilitação de conjuntos habitacionais estatais. Apresenta a Plataforma Crítica do Habitar, que organiza variáveis espaciais, sociais e simbólicas como insumos projetuais. Com base em uma leitura cartográfica preliminar (SIG/QGIS) e em fontes secundárias, examinam-se padrões de acessibilidade, apropriação e relação em três escalas urbanas —vizinhança, bairro e supra-bairro— e três dimensões do habitar —equipamentos, transporte e espaços de relação—, conformando uma matriz analítica guiada por trajetos cotidianos e acessibilidade como condição do direito à cidade. Os resultados revelam tensões e oportunidades que transcendem o plano físico, permitindo estratégias urbanas em sintonia com a experiência cotidiana.

Palavras chave

vida cotidiana, habitação social, projeto arquitetônico, reabilitação

DOI: https://doi.org/10.30972/crn.43439261

INTRODUCCIÓN

Con el objeto de garantizar el acceso a un hábitat digno, las políticas federales de vivienda (2003 – 2015) impulsaron en sus distintas etapas y programas una significativa producción de urbanizaciones sociales. En el caso de villas y asentamientos, si bien redujeron el déficit habitacional heredado, debieron enfrentar el aislamiento territorial y la fragmentación que implicaba organizar estos territorios. Al tratarse de áreas degradadas, consolidaron lo que Rodríguez y Sugranyes (2005), Eibenschutz y Goya (2009) y Ziccardi (2015) caracterizan como expansión intensiva: periferias densas y cada vez más alejadas de los centros urbanos.

En este marco, a veinte años de su lanzamiento en el AMBA, el Subprograma de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios (SUVAP) exhibió logros significativos en términos de intervención territorial. Actuó sobre áreas periféricas y postergadas, (excluidas de intervenciones de importancia durante largos períodos), y fue concebido como política de radicación apostando por la proximidad territorial. Aunque tuvo menor peso que las operatorias centralizadas, buscó fortalecer el entramado urbano que vincula la vivienda con la ciudad, como medio para atenuar desigualdades estructurales. Tal como señala Cravino (2012, p. 56):

La reurbanización de villas —manteniendo la localización— protege los aspectos positivos del efecto de lugar, es decir, las relaciones entre los vecinos, el conocimiento del entorno, la forma de llegar a las escuelas, a los centros de salud, trabajo y toda otra serie de actividades que se realizan en el barrio o entorno.

Esta política representó para el AMBA —que en 2005 registraba 819 asentamientos y más de un millón de personas en condiciones precarias— una articulación novedosa entre áreas y niveles de gobierno. Sin embargo, el SUVAP no logró superar un enfoque “viviendista” que priorizó la construcción de unidades habitacionales sobre su integración urbana. Al respecto, Cravino (2008, p.132) aporta:

La necesidad de acciones anticíclicas llevó a priorizar la distribución de casas en el territorio, siguiendo el modelo que se suele llamar ‘viviendista’. Es decir, que pone el eje en el bien ‘vivienda’ y no en su relación con la ciudad.

Este sesgo generó conjuntos de baja densidad y prototipos repetidos, con escasa conexión a servicios, sin usos mixtos, débil articulación con redes de transporte y poca continuidad con el tejido urbano. Tal como plantea Muxí (2013), este modelo responde a la lógica de urbanizaciones periféricas y monofuncionales, cuyo impacto central es restringir el acceso a recursos para el desempeño de las tareas de la vida cotidiana, profundizando así la fragmentación urbana.

No obstante, el SUVAP aportó al Plan Federal de Construcción de Viviendas al incorporar, incluso en localizaciones desfavorables, la problemática de la sociabilidad y la integración sociourbana. Al articular dimensiones físicas y sociales del hábitat, consolidó un enfoque que superó visiones restrictivas de políticas anteriores. En este marco, algunos casos resultan especialmente relevantes para revisar sus alcances. El Barrio Carlos Gardel, en el partido de Morón, constituye un ejemplo paradigmático, no solo por haberse ejecutado en el marco del SUVAP, sino también por su localización estratégica junto a equipamientos, servicios y espacios públicos. Esta combinación lo ubica en el centro del debate sobre producción y rehabilitación del hábitat popular.

Las intervenciones de 2005 mejoraron la urbanización, pero la integración del barrio con el tejido circundante aún enfrenta desafíos específicos que requieren compromiso sostenido en materia de política urbana. Las dinámicas actuales de uso y las condiciones del entorno permiten interrogar la configuración derivada de la intervención original y su articulación con equipamientos y espacios de relación. Estas aproximaciones sitúan a la vida cotidiana como categoría proyectual y territorial clave para orientar estrategias de rehabilitación.

La hipótesis plantea que mapear los servicios urbanos y los patrones de accesibilidad en las escalas vecinal, barrial y suprabarrial permite producir información clave para orientar procesos de mejoramiento habitacional. En este marco, se ensaya una primera formulación de la Plataforma Crítica del Habitar como instrumento metodológico abierto, orientado a articular datos espaciales e infraestructurales que se contrastan con antecedentes bibliográficos en una lectura cartográfica del habitar cotidiano. Si bien en esta instancia las representaciones sociales se recuperan de autores y documentos previos, el dispositivo admite su ampliación metodológica para futuras aplicaciones que incorporen registros directos. El objetivo es aplicar esta plataforma al caso del Barrio Carlos Gardel, a fin de analizar la articulación entre espacio urbano y vida cotidiana y establecer una base metodológica para acciones de rehabilitación integral.

MARCO TEÓRICO

Abordar la rehabilitación de la vivienda social desde una perspectiva proyectual integral implica reconocer que el espacio urbano no se agota en sus condiciones físicas. Es una construcción colectiva atravesada por relaciones sociales, temporalidades y espacialidades diversas. Bekinschtein, Calcagno y Risso Patrón (2013), al analizar conjuntos construidos en las décadas de 1970 y 1980 (Plan Alborada, FONAVI y PEVE), advierten sobre la dificultad de las políticas tradicionales para concebir la vivienda en su complejidad. Para estos autores, rehabilitar requiere un enfoque integral, interdisciplinario y con participación efectiva. Por su parte, Saborido (2006) coincide al señalar que, pese al predominio del déficit cualitativo en la región, las políticas aún no incorporan programas de rehabilitación que capitalicen lo existente. Esto invita a recuperar la experiencia diaria como categoría analítica y a revisar críticamente la producción habitacional.

Según Heller (1970), la vida cotidiana comprende las actividades vinculadas a la reproducción social. Para Ramos Rojas (2019), incluye también aquello que, sin suceder todos los días, moviliza sentidos en el habitar. Esta perspectiva permite entenderla como una trama de prácticas y relaciones en constante reconfiguración, que deben ser consideradas en las políticas de hábitat.

Desde la sociología urbana, se ha explorado la relación tiempo-espacio como fundamento del habitar cotidiano. Fernández Wagner (2007) sostiene que los satisfactores del hábitat deben promover una mejor gestión de esta relación. Las desigualdades en el acceso a recursos urbanos y en la distribución del tiempo configuran problemas estructurales. En esta línea, las perspectivas feministas del urbanismo –en las voces de Muxí, Ciocoletto, y el Collectiu Punt 6, entre otras– han incorporado dimensiones como los tiempos del cuidado, los cuerpos diversos y las redes afectivas, señalando que la ciudad debe contemplar ritmos y afectos, además de estructuras. Acorde con este enfoque, Novas (2021, p.111) lo plantea en estos términos:

El gran reto del urbanismo actual no está tanto en los macroproyectos urbanos como en tejer ciudades apostando por entornos amables y accesibles para todas las personas. No existe un ciudadano tipo para el que diseñar el espacio público, sino una ciudadanía plural y compleja a la que consultar y con la que consensuar el diseño del espacio colectivo.

La Investigación Proyectual aporta, desde la arquitectura, una clave para abordar estas dimensiones en su complejidad territorial. El proyecto se concibe como una forma específica de producción de conocimiento, que articula dimensiones funcionales, constructivas y expresivas –ancladas históricamente en la teoría arquitectónica como utilitas, firmitas y venustas–, resignificadas en clave social, cultural e identitaria (Sarquis, 2007). Entonces proyectar, no es solo operar técnicamente, sino también leer e intervenir el territorio a partir de las formas de vida que lo habitan (Fiscarelli, 2022) Esta perspectiva dialoga con el urbanismo crítico desde el cual Lefebvre (1969) definió el derecho a la ciudad como la posibilidad de vivirla en plenitud, reconociendo el valor transformador de lo cotidiano. Más tarde, Soja (2014) amplió esta noción al afirmar que la justicia también debe ser espacial, ya que el ordenamiento territorial condiciona el acceso a derechos. Esta dimensión político-espacial del habitar se vincula con iniciativas institucionales recientes, como la Política Nacional de Integración Socio-Urbana, que reconoce a los barrios populares como parte legítima de la ciudad. (RENABAP, 2020). Su objetivo de garantizar acceso equitativo a infraestructuras, servicios y oportunidades dialoga con una concepción del espacio urbano como construcción colectiva. Tal como plantea Fernández Wagner (2007), “la ciudad es un producto colectivo, cuyos beneficios y cargas deben ser equitativamente repartidos” (p. 93). Esto implica asumir el derecho al hábitat como principio organizador de las políticas urbanas.

Frente a este marco teórico, un barrio como el Carlos Gardel podría evidenciar las múltiples dimensiones de la exclusión urbana. González Carvajal (2008) advierte que se trata de un territorio segregado, atravesado por condiciones estructurales de pobreza, violencia y desigualdad. En este contexto, rehabilitar no puede entenderse solo como una mejora física: implica también recuperar y fortalecer las redes de pertenencia que sostienen la vida cotidiana. Como señala la mencionada autora, el barrio que no se debe destruir con la urbanización es precisamente aquel que posibilita la interacción cotidiana.

Entonces, pensar la rehabilitación desde la vida diaria supone reconocer que se incide no solo en el espacio construido, sino también en los modos de apropiación, uso y relación con el entorno. Del mismo modo, trascender la lógica del mejoramiento exige una mirada multidimensional sobre el habitar popular (Barreto et al., 2014). Desde esta articulación entre lo físico, lo concebido y lo vivido (Lefebvre, 1974), interpretar conjuntos habitacionales como territorios atravesados por prácticas, relaciones y sentidos, se convierte en posibilidad. Desde esta perspectiva, una lectura situada en el habitar cotidiano puede contribuir a orientar estrategias de rehabilitación proyectual atentas a las formas en que lo social se manifiesta –y se disputa– en el espacio barrial. Se proponen las bases de una herramienta de lectura –Plataforma Crítica del Habitar– que, aunque no capta toda la complejidad social, ofrece indicios espaciales valiosos para fundamentar acciones futuras.

METODOLOGÍA

Atendiendo a los objetivos, se ensaya una lectura multiescalar del Barrio Carlos Gardel, apoyada en desarrollos previos (Fiscarelli et al., 2024) que analizan el hábitat construido desde los patrones de uso cotidiano y su articulación con estrategias proyectuales urbano-arquitectónicas.

La metodología se denomina Plataforma Crítica del Habitar porque propone un dispositivo abierto de análisis que organiza dimensiones y variables en distintas escalas urbanas, sobre el cual es posible construir lecturas múltiples. Su carácter “crítico” se sustenta en la tradición inaugurada por Lefebvre (1974), para quien la vida cotidiana y la producción del espacio son campos atravesados por tensiones y contradicciones que deben interrogarse más allá de la descripción. En esta línea, la noción de dispositivo metodológico se aproxima a los “instrumentos de ruptura” de Bourdieu et al. (2002 [1968]), orientados a evidenciar desigualdades y cuestionar naturalizaciones, perspectiva retomada por Cravino y Segura (2020). La noción de “habitar” se enlaza con una tradición fenomenológica y proyectual construida por Sarquis (2006), recuperada por Rodríguez y Fiscarelli (2021) y actualizada para la vivienda social por Barreto y Fiscarelli (2022). Este horizonte se complementa con perspectivas contemporáneas –como el ecofeminismo abordado por Muxí y Montaner (2023)–, que impulsan lecturas integrales y situadas, junto con una pluralidad de miradas críticas para renovar la agenda urbana y proyectual (Ortiz Flores et al., 2020). Sobre esta base conceptual se organiza la aplicación al caso, estructurada en torno de tres escalas urbanas complementarias y tres dimensiones del habitar cotidiano, lo que da lugar a una matriz analítica guiada por trayectos habituales y accesibilidad, entendida como condición del derecho a la ciudad.

Escalas consideradas:

  • Escala vecindario: conectividad inmediata y espacios de relación próximos, vinculados a tareas de cuidado.
  • Escala barrial: equipamientos educativos, sanitarios, comerciales, culturales, religiosos y transporte público.
  • Escala suprabarrial: acceso a funciones urbanas de mayor jerarquía y articulación con redes metropolitanas.

Dimensiones consideradas:

  • Equipamiento cotidiano: distribución de servicios educativos, de salud, culturales, de culto, administrativos y deportivos.
  • Transporte: cobertura y accesibilidad a nodos de movilidad colectiva.
  • Espacios de relación: infraestructura comunitaria, espacios verdes, corredores de encuentro y usos espontáneos.

La articulación entre escalas y dimensiones orienta una lectura del territorio que trasciende lo físico, incorporando aislamiento, fragmentación, apropiación diferencial y vínculos con el entorno como insumos para la reflexión proyectual. Este enfoque se justifica también por las condiciones tipológicas y constructivas del conjunto, cuya homogeneidad morfológica, baja densidad y disposición continua de unidades lo ubican en la categoría de urbanización residencial monofuncional (Muxí, 2013).

Por otro lado, la base empírica se construyó con cartografías temáticas elaboradas en SIG (QGIS), procesando información georreferenciada de plataformas digitales (Google Maps, OpenStreetMap, Moovit) y portales del municipio de Morón. Dado el carácter exploratorio, no se realizó trabajo de campo sistemático, aunque sí recorridos puntuales, previéndose profundizar la dimensión territorial en etapas futuras. En esta instancia, el análisis se apoyó en fuentes secundarias —investigaciones previas, documentos técnicos y testimonios indirectos—, en sintonía con registros de la vida cotidiana. Se incorporaron el texto etnográfico de Sárraga (2008), el informe de OPISU (2021) y el registro de Ynsfran (2022), posteriores a la ejecución del barrio por el SUVAP. Estos materiales permitieron contrastar objetivos proyectuales originales con condiciones actuales del habitar e identificar apropiaciones, persistencias, desigualdades e impactos estatales. Del mismo modo, el uso de imágenes de Street View de Google Earth permite, como señalan Puntel et al. (2021), documentar de forma remota variables vinculadas con problemáticas habitacionales. En esta línea, se recurrió a dicho recurso visual para exponer puntos críticos del mapeo desde una lectura peatonal del espacio barrial.

Cabe señalar que aquellas interpretaciones vinculadas con identidades colectivas, formas de apropiación o representaciones del habitar exceden el alcance de la metodología aplicada, centrada en lecturas espaciales. No obstante, se incluyen en los resultados como aproximaciones interpretativas que enriquecen la comprensión del caso y se proyectan como líneas de trabajo a retomar en futuras investigaciones.

Tabla 1. Plataforma Crítica del Habitar | escalas, dimensiones y preguntas
Escala / Variable Pregunta guía
ESCALA VECINDARIO ESCALA VECINDARIO
● equipamiento cotidiano ¿Qué infraestructura cercana permite o limita la autonomía diaria?
● transporte ¿Cómo inciden las condiciones del entorno inmediato en la movilidad cotidiana?
● espacios de relación ¿Qué espacios barriales sostienen vínculos cotidianos y cómo se apropian?
ESCALA BARRIAL ESCALA BARRIAL
● equipamiento cotidiano ¿Cómo se usan los equipamientos barriales y qué dependencia generan?
● transporte ¿La red vial barrial garantiza una integración urbana efectiva?
● espacios de relación ¿Qué barreras limitan la consolidación de encuentros a esta escala?
ESCALA SUPRABARRIAL ESCALA SUPRABARRIAL
● equipamiento cotidiano ¿Qué trayectos se realizan para acceder a servicios urbanos clave?
● transporte ¿Todos los sectores acceden por igual a nodos metropolitanos?
● espacios de relación ¿Qué espacios conectan o aíslan al barrio de la ciudad ampliada?
Fuente: elaboración propia.

Como cierre de esta sección, se presenta a continuación el repertorio de preguntas interpretativas que estructura la Plataforma Crítica del Habitar (Tabla 1).

ANÁLISIS DEL CASO DE ESTUDIO

Caracterización del Barrio Carlos Gardel

Figura 1. Morón – Barrios Pte. Sarmiento y Carlos Gardel | localización en el AMBA

Fuente: elaboración propia en base a (OPISU, 2021).

El partido de Morón, en el oeste del Área Metropolitana de Buenos Aires, posee 56 km² y alrededor de 309.000 habitantes en 93.980 hogares, con una densidad de 5.500 hab/km² (Macha, 2009). Se organiza en cinco localidades y limita con Hurlingham, Ituzaingó, 3 de Febrero, Merlo y La Matanza, constituyéndose en un centro urbano relevante del conurbano bonaerense. (Figura 1)

Por su parte, el Barrio Carlos Gardel se localiza en el límite con Hurlingham y 3 de Febrero, junto al Hospital Posadas y el Conjunto Presidente Sarmiento (Figura 2). Con una superficie cercana a cinco hectáreas, hacia mediados de los 2000 albergaba unos 2.000 habitantes (Bettatis, 2009). El origen del barrio debe situarse dentro de las políticas de erradicación de villas promovidas en la segunda mitad del siglo XX. Tal como señala González Carvajal (2008), “[…] no se conformó originalmente bajo la forma espontánea y orgánica de las ‘villas’, sino como producto de una política pública habitacional, el Plan de Erradicación de Villas de Emergencia (PEVE) del año 1968” (p. 8). Esta lógica de relocalización se inscribía en una estrategia de control y marginación territorial. Costa (2009) recuerda que “el barrio se inscribe dentro del modelo de relocalización impulsado por el Plan de Erradicación de Villas, que buscaba alejar los asentamientos irregulares del centro urbano” (p. 4). En 2005, en el marco del Subprograma de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios (SUVAP), se proyectó en el Barrio Carlos Gardel la construcción de 482 viviendas en lotes con servicios básicos, orientadas a sustituir las construcciones precarias y favorecer la integración urbana. Según Bettatis (2009), “[…] la aplicación del SUVAP en el conurbano bonaerense representó una de las primeras experiencias de urbanización de villas financiadas por el Estado nacional en democracia” (p. 3). Sin embargo, el programa mantuvo un enfoque sectorial, centrado en las intervenciones físicas sobre el hábitat y con escasa articulación con otras dimensiones del desarrollo urbano (Bettatis, 2009, p. 7).

Figura 2. Barrio Carlos Gardel | principales referencias en proximidad

Fuente: elaboración propia.

En la misma línea, González Carbajal (2008) advertía que el SUVAP continuaba siendo “[…] viviendista, sin contemplarse que se están construyendo barrios y ciudades para las generaciones futuras” (p. 7).

El caso de Morón, no obstante, representó una experiencia particularmente superadora. Tal como señala González Carbajal (2008), “el gobierno municipal lanza al mismo tiempo un plan de ‘Promoción Socio-urbana de los barrios Carlos Gardel y Pres. Sarmiento’, incorporando la implementación del SUVAP a una estrategia más amplia” (p. 7). Este enfoque integró dimensiones habitacionales, sociales y jurídicas, buscando trascender el sesgo sectorial del programa nacional.

El enfoque integral SUVAP procuraba revertir una condición histórica de aislamiento, asociada tanto a la exclusión social como al encierro físico. González Carvajal (2008) señalaba que “[…] este territorio se halla segregado socio espacialmente del resto de la trama urbana del municipio de Morón y con graves problemas vinculados a la pobreza, la exclusión, el desempleo, la violencia y la débil y precaria regulación de la vida social por parte del Estado” (p. 8). A su vez, la disposición cerrada de los monobloques del Conjunto Sarmiento refuerza esta lógica: “presentan una disposición cerrada, con escasa articulación con el tejido urbano circundante” (Costa, 2009, p. 5)

Figura 3. Equipamiento cotidiano, transporte y espacios de relación | escala vecinal, barrial y suprabarrial

Fuente: Cartografía de elaboración propia | QGIS – SIG.

El Barrio Carlos Gardel permite observar cómo una política de relocalización, inicialmente concebida desde la lógica del aislamiento, fue reconfigurándose mediante estrategias de integración urbana más amplias. Su localización en el tejido de Morón, junto a la presencia de equipamientos clave en las cercanías, ofrece indicios sobre los vínculos espaciales posibles y los desafíos pendientes en términos de conectividad e inclusión territorial (Figura 1).

Lectura crítica del habitar: escalas, dimensiones y representación cartográfica

Desde la caracterización general del caso, se avanza hacia una lectura crítica orientada a visibilizar las condiciones actuales del habitar más allá de lo construido. Para ello, se aplica la Plataforma Crítica del Habitar, cuyas escalas, dimensiones y preguntas interpretativas fueron desarrolladas en el apartado metodológico. Esta herramienta se operacionaliza mediante una cartografía temática elaborada en QGIS, que representa el cruce entre tres escalas territoriales (vecinal, barrial y suprabarrial) y tres dimensiones del hábitat cotidiano (equipamiento, transporte y espacios de relación). (Figura 3)

RESULTADOS

Escala vecinal | equipamiento cotidiano

El mapeo permite identificar una trama densa de equipamientos vinculados con el abastecimiento cotidiano y la presencia institucional del Estado. El barrio cuenta con diversos servicios educativos, sanitarios, religiosos y sociales en un radio peatonal de cinco minutos, con accesibilidad relativamente resuelta desde distintos sectores. Se destacan el jardín 912 Carlos Gardel y el maternal 7 Mi lugar (ambos sobre Marconi), el Centro de Salud Malvinas Argentinas (sobre el playón central), la parroquia Virgen de la Asunción y el comedor Los Gardelitos, de función alimentaria clave. En los últimos años, esta red se reforzó con dispositivos estatales orientados al consumo problemático (Dispositivo Integral de Abordaje Territorial – SEDRONAR), oficinas del OPISU y acciones itinerantes como El Estado en tu Barrio.

Esta concentración de servicios refuerza la centralidad de calles como Cacique Catriel, Villegas y Gardel, donde confluyen funciones barriales, asistenciales y sociales. Esta densidad institucional se vincula con espacios de participación consolidados. Según Ynsfran (2022), “con la Mesa de Gestión consolidada –además de otros espacios comunes de reunión, como la Iglesia–, las/os vecinos se interesaron e informaron” (p. 54), evidenciando participación comunitaria.

El abastecimiento comercial diario depende aún de economías de subsistencia y puestos informales –almacenes, quioscos– instalados sobre viviendas que adaptaron espacios no previstos para ese uso. Esta situación refleja lo que Sárraga (2008) interpretaba como un hábitat sostenido más por estrategias de reproducción cotidiana que por infraestructura planificada: “Tengo que ir a Morón a buscar alimentos, me los dan hasta el 24” (p. 122), señalaba una vecina. Aunque se reconocen avances en la articulación estatal, persiste una dependencia extrabarrial para funciones clave. En este marco, la intervención del Área de Hábitat Social del municipio de Morón, junto al Centro de Gestión y Participación, constituye una presencia activa. Sin embargo, estas acciones no alcanzan por sí solas a revertir las desigualdades que afectan la integración urbana.

Escala vecinal | transporte

A escala vecinal, el análisis cartográfico evidencia contrastes significativos en el acceso al transporte público según la ubicación de las viviendas. Las unidades próximas a la avenida Marconi cuentan con mejor conexión con líneas de colectivo que las situadas sobre avenida Perdriel, lo que configura una diferencia estructural que excede la escala de manzana. Esta disparidad se vincula con la avenida Illia, eje que conecta el barrio con el Hospital Posadas y corredores metropolitanos del norte del AMBA. Sin embargo, las condiciones de movilidad peatonal interna no son homogéneas.

Figura 4. Calle Paraíso, Villegas y Av. Perdriel | discontinuidades en la movilidad peatonal

Fuente: Capturas propias realizadas mediante Google Street View. Fecha de acceso: mayo de 2025

La morfología generada por la implantación del Conjunto Presidente Sarmiento y las viviendas SUVAP dio lugar a recorridos degradados, con escasa iluminación, ausencia de mobiliario y situaciones de inseguridad. Según el OPISU (2021), “el complejo habitacional de Pte. Sarmiento presenta un gran deterioro de sus espacios comunes debido a la falta de mantenimiento […], sin usos específicos, solados o rampas, ni equipamiento urbano y forestación” (p. 5). (Figura 4)

La calle Villegas funciona como franja de contraste. Del lado del Sarmiento, los espacios intersticiales fueron ocupados informalmente, lo que afecta el tránsito peatonal y reduce la autonomía de los desplazamientos a cinco minutos. En contraste, el sector SUVAP presenta veredas continuas, aunque poco arbolado e iluminación. Una situación particular se da en la calle Paraíso, sobre el borde sureste del barrio: aunque es acceso clave al Polideportivo Morón, uno de sus frentes está cerrado por una muralla de más de dos metros, interrumpiendo la continuidad espacial y reforzando el aislamiento simbólico. Como relató una vecina: “El colectivo ahora va por Perdriel, entonces ya no entro por allí. Tengo la experiencia que entrando por Perdriel ya me pidieron ‘peaje’ […] La avenida Perdriel es más anónima, tiene basura, está sobre el Conjunto” (Sárraga, 2008, p. 120). Esta percepción muestra cómo los desplazamientos cotidianos se ven condicionados por el entorno físico, experiencias de inseguridad y fragmentación urbana. Si bien estos relatos sugieren apropiaciones simbólicas del espacio que exceden el alcance de la lectura cartográfica, se los incluye como aportes interpretativos a retomar en futuros estudios.

Escala vecinal | espacios de relación

A escala vecinal, el análisis evidencia la existencia de espacios de uso intensivo y cotidiano (playón central, plazas, canchas), que cumplen funciones de encuentro comunitario. Si bien su dimensión simbólica y relacional trasciende la metodología aplicada, aquí se la menciona como hipótesis a explorar en futuras investigaciones. En este sentido, el playón central constituye el nodo funcional más importante: acceso principal desde Marconi y punto de referencia para eventos comunitarios, campañas estatales y actividades recreativas. Su centralidad se refuerza por los juegos infantiles, la torre de agua como hito urbano y su accesibilidad desde distintos sectores. Según Sárraga (2008), “el playón central es el lugar elegido para reuniones sociales amplias” (p. 117). Sin embargo, también advierte que estas apropiaciones conviven con conflictos: “Desarrollos territoriales que toman las plantas libres y parte de los patios […] apropiaciones personales sobre lo comunitario en base a regulaciones de hecho no consensuadas” (p. 117).

Esta conflictividad se extiende a otros espacios, como la Plaza Barrio Carlos Gardel -área intersticial entre viviendas SUVAP y monobloques, recientemente mejorada pero aún con carencias (OPISU, 2021). Otros ámbitos se consolidaron por apropiación vecinal, como la cancha de fútbol 9 en Perdriel y Paraíso, donde se organizan torneos municipales, o la Plaza Tito Cisternas, espacio recreativo infantil cuyo nombre alude a un referente barrial.

En términos de memoria e identidad, destaca El Chalet, hoy espacio museográfico que recupera la historia del Hospital Posadas y visibiliza su uso como centro clandestino de detención. Trasciende el ámbito barrial, recibe visitantes de toda la región y vincula el ejercicio ciudadano con la producción de espacio público. Otros espacios, como la Casa de las Juventudes —junto al Centro de Salud Malvinas Argentinas—, refuerzan la dimensión relacional mediante propuestas culturales y de formación. Estas iniciativas se insertan en un proceso participativo más amplio que, como señala Ynsfran (2022), “transformaron el ambiente, el posicionamiento y el rol de los actores involucrados. Se fortalecieron la habitabilidad, la asistencia médica, el equipamiento comunitario, y se recuperaron espacios verdes” (p. 54). (Figura 5)

Figura 5. Centro de Salud Malvinas Argentinas y Plaza Barrio Carlos Gardel: Estado, equipamiento cotidiano y espacios públicos a escala vecinal

Fuente: Capturas propias realizadas mediante Google Street View. Fecha de acceso: mayo de 2025.

Esto evidencia el vínculo entre intervención estatal, respuesta vecinal y vida cotidiana. No obstante, estas redes enfrentan tensiones estructurales: la falta de soluciones habitacionales para nuevas generaciones pone en riesgo la continuidad de los lazos comunitarios. Como advierte Ynsfran (2022), “las/os vecinas/os explicaron que existen ofertas de viviendas para las nuevas generaciones, pero fuera del barrio” (p. 51). Es decir, los espacios de relación no emergen de dispositivos formales de diseño, sino de procesos de apropiación progresiva, que en algunos casos luego son formalizados a través de la presencia del Estado.

Escala barrial | equipamiento cotidiano

En la escala barrial, el caso presenta buena disponibilidad de equipamientos cotidianos, aunque no siempre acompañada por condiciones efectivas de accesibilidad y apropiación. El caso más claro es el Hospital Posadas: un centro de alta complejidad que, pese a su cercanía, enfrenta obstáculos de integración con las unidades SUVAP. El trazado de calles como Cacique Catriel, Neuquén y Paraíso impone rodeos y cruces indirectos, generando un desfasaje entre proximidad y accesibilidad. En la práctica, el barrio queda a espaldas del hospital, tanto física como simbólicamente. Aun así, el “cuadrante Posadas” funciona como polo institucional, articulando funciones sanitarias, administrativas (DNI, banco) y educativas (Escuela 109 y CENS 453). Según OPISU (2021), las viviendas SUVAP “[…] funcionan –junto al Hospital Nacional Prof. Dr. A. Posadas y una serie de edificios complementarios– como una sola pieza urbana” (p. 7). También en este radio se encuentra la Casa Posadas, hogar de tránsito para pacientes y familiares, cuya presencia genera dinámicas informales de uso del espacio público: comercios improvisados, convivencias parciales y apropiaciones móviles. Por fuera de este sector, el mapeo muestra equipamientos dispersos (farmacias, corralones, talleres, templos), con escasa oferta cultural o deportiva. Esta distribución desigual responde a una lógica de borde entre Caseros y El Palomar, visible en la morfología: bloques densos en el Sarmiento y tejido abierto en el SUVAP. En este contexto, Ynsfran (2022) describe el área como “un enclave ubicado dentro de la zona de El Palomar, caracterizado por sus construcciones de tipo militar […] muy cerca del Hospital Nacional Dr. Alejandro Posadas, con un amplio sector comercial” (p. 54), destacando el peso del entorno inmediato en las dinámicas barriales. El acceso a los equipamientos no depende solo de su ubicación, sino también de condiciones físicas, sociales y simbólicas que median su apropiación:

  • En lo físico, la fragmentación del tejido y la ubicación opuesta al ingreso del hospital generan recorridos forzados y poco intuitivos.
  • En lo social, la presencia de familias alojadas en la Casa Posadas introduce nuevos usos e intercambios.
  • En lo simbólico, la percepción del barrio como periferia del hospital refuerza una sensación de separación.

A esto se suma una tendencia al uso del espacio doméstico como principal ámbito de tiempo libre: según un estudio de Sedronar, “la mayoría de los encuestados refirió pasar el tiempo en su casa (74%)” (2018, p. 45). Este dato sugiere la necesidad de fortalecer espacios comunitarios que amplíen las posibilidades de uso colectivo y promuevan nuevas formas de socialización.

Escala barrial | transporte

En la escala barrial, el sistema de transporte que rodea al Barrio Carlos Gardel conforma una red relativamente completa en términos de conectividad urbana. Las líneas de colectivo que circulan por las avenidas Marconi, Perdriel e Illia —como la 166, 182, 326, 53, 343, 238, 441 y 634— vinculan el barrio con distintas localidades del AMBA y nodos metropolitanos de trasbordo. OPISU destaca “la óptima conectividad metropolitana del Barrio, al contar con servicios que facilitan la conexión con distintos puntos del conurbano bonaerense o la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” (2021, p. 6). La Avenida Gaona y el Acceso Oeste cumplen un rol estructural en la movilidad de media y larga distancia, al conectar con la red de autopistas del AMBA. El mismo informe subraya su localización estratégica: “se emplaza a 10 cuadras aproximadamente del centro comercial y de trasbordo de Ramos Mejía, y a 20 cuadras de la estación de El Palomar y del centro de Ciudad Jardín” (OPISU, 2021, p. 6).

Ahora bien, ¿cómo se traduce esta conectividad en la experiencia cotidiana de los habitantes? El análisis muestra que las condiciones estructurales no garantizan por sí solas, accesibilidad efectiva. Por un lado, aparecen limitaciones en materia de transporte activo: no existen bicisendas ni circuitos protegidos para peatones o ciclistas. A esto se suma la precariedad de algunas paradas, la falta de señalización y la escasa iluminación en sectores periféricos, como el borde noreste del conjunto Sarmiento. Estos condicionantes impactan especialmente en personas mayores o con movilidad reducida, revelando un contraste entre la red disponible y las condiciones reales de desplazamiento diario.

Del mismo modo que sucede con otras infraestructuras, la movilidad no debería abordarse solo como un servicio. Requiere ser entendida como un campo en que se juegan desigualdades urbanas, accesos diferenciales y vivencias desiguales del espacio. Así, la movilidad barrial se vuelve una dimensión proyectual clave para repensar el vínculo entre transporte, inclusión y oportunidades para el desempeño de la vida diaria.

Escala barrial | espacios de relación

A escala barrial, el territorio que rodea al conjunto habitacional del Barrio Carlos Gardel no presenta cambios sustantivos respecto de lo analizado en la escala vecinal en cuanto a espacios públicos o verdes destinados al encuentro. No se identifican plazas, parques ni ámbitos abiertos que alojen prácticas colectivas o de sociabilidad espontánea. Predomina un tejido regular de manzanas con edificaciones de baja altura y usos residenciales, que configura una compacidad urbana sin vacíos significativos que pudieran apropiarse para uso comunitario.

No obstante, emergen ciertos nodos que funcionan como atractores dentro del radio de 10 minutos a pie. Entre ellos se destacan dos templos evangélicos, cuyas actividades congregan tanto a vecinos del barrio como de sectores aledaños, y el Centro de Jubilados y Pensionados Nueva Primavera, en el extremo noroeste, cercano a la estación El Palomar. Si bien estos espacios ofrecen alternativas de participación para sectores específicos —como adultos mayores o grupos religiosos—, su alcance es acotado. En contraste, los jardines perimetrales del Hospital Posadas, definidos por rejas, estacionamientos y superficies sin equipamiento urbano, refuerzan el carácter cerrado del enclave institucional, más que ofrecer posibilidades de integración barrial.

También dentro de este radio se encuentra el sector conocido como Villa de los Paraguayos, delimitado por las calles Linares, Catriló, Olavarría y Pringles. Allí se consolidaron casillas precarias, en su mayoría habitadas por familias migrantes. Según el censo 2010, la población extranjera del barrio alcanzaba el 3,2%, siendo la comunidad paraguaya la más numerosa. (Indec, 2012). Aunque existen vínculos de convivencia entre vecinos argentinos y paraguayos, este sector ha sido reiteradamente señalado por problemas de seguridad, lo que complejiza su papel como espacio de relación. Lejos de articular, funciona como borde estigmatizado, reforzando procesos de fragmentación territorial. Estas interpretaciones exceden el marco de la lectura espacial, y se presentan como insumos a profundizar en líneas de trabajo futuras.

En este marco, la escala barrial no puede ser leída como un fondo neutral, sino como un territorio activo y atravesado por tensiones entre apropiación, cuidado y exclusión. Las estrategias de rehabilitación del hábitat —especialmente cuando se impulsan desde instancias participativas— deberían contemplar también este plano de intervención, no solo para consolidar espacios de relación, sino para desactivar las fronteras simbólicas que dificultan su apropiación colectiva.

Escala suprabarrial | equipamiento cotidiano

El barrio logra compensar parcialmente algunas carencias de equipamiento observadas en las escalas vecinal y barrial, especialmente en lo relativo a actividades educativas, culturales, comerciales y recreativas. Aunque se sitúa en el límite entre distintas jurisdicciones (Morón, 3 de Febrero y El Palomar), esta condición también amplía el abanico de servicios e instituciones a los que accede su población en la vida cotidiana.

En el plano educativo, se configura una red de instituciones públicas y privadas que abarca todos los niveles de formación: jardines de infantes como el 913 (Villa Sarmiento), Constancio Vigil (municipal) y Caminito (privado, Caseros); escuelas primarias como las 67, 20, 98 y 11; y una oferta secundaria distribuida entre El Palomar y Caseros. Estos trayectos, que implican salir del barrio y del entorno inmediato, configuran rutinas ya naturalizadas por las familias, revelando una territorialidad ampliada que trasciende los límites del conjunto habitacional. Si bien esta noción excede el alcance de la metodología espacial planteada, se incluye aquí como hipótesis a ser retomada en futuros abordajes integrales.

Algo similar ocurre con equipamientos vinculados a la seguridad —como el Destacamento 1 de la Policía Local y el Cuartel de Bomberos Voluntarios de El Palomar— y con servicios complementarios como farmacias, centros comerciales o clínicas veterinarias, cuyo acceso requiere una movilidad constante hacia fuera del barrio. No obstante, la oferta de centros culturales, deportivos públicos o dispositivos de salud en red aparece más dispersa, lo que obliga a extender aún más los desplazamientos, por ejemplo hacia Ramos Mejía.

Entre los equipamientos comunitarios de esta escala, se destacan el Club 25 de Mayo, la Asociación de Fomento Villa Sarmiento, algunos centros de jubilados y clubes como Los Latinos, que ofrecen actividades sociales y recreativas para públicos específicos. Sin embargo, su articulación con el barrio Carlos Gardel es aún limitada. En este nivel, pensar el equipamiento cotidiano requiere ir más allá de la mera proximidad geográfica. ¿De qué modo estas instituciones se integran —o no— a las trayectorias urbanas de quienes habitan el barrio? ¿Cómo se sostienen esas prácticas cotidianas en un contexto de fragmentación jurisdiccional e infraestructura discontinua? Las respuestas exigen políticas que fortalezcan no solo la presencia física del Estado, sino también la continuidad simbólica y funcional del territorio urbano.

Escala suprabarrial | transporte

A escala suprabarrial, el caso se inserta en la red de transporte metropolitano que lo conecta con diversas centralidades urbanas del AMBA. Las avenidas Marconi e Illia, junto con la proximidad del Acceso Oeste, configuran corredores vehiculares que vinculan el barrio tanto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como con otras localidades del conurbano. Aunque estos accesos se encuentran por fuera del área inmediata del conjunto, forman parte del repertorio habitual de desplazamientos de su población.

Como se mencionó al abordar la escala barrial, la estación El Palomar del ferrocarril San Martín (ubicada a unas veinte cuadras) constituye un nodo fundamental en la conexión con el centro porteño y el noroeste del AMBA. Su frecuencia de aproximadamente veinte minutos permite desplazamientos diarios hacia estación Retiro en tiempos relativamente acordes, lo que consolida su uso como parte del sistema de movilidad cotidiana.

Otro punto clave en este rango de proximidad es el área de Plaza Alsina: un nodo de intermodalidad. Allí confluyen múltiples líneas de colectivos con destino a Morón centro, Ramos Mejía, San Martín, Ciudad Jardín y la Ciudad de Buenos Aires. Su cercanía al Hospital Posadas refuerza esta centralidad como espacio de tránsito y acceso a servicios de la escala metropolitana.

Aunque ya se mencionaron las deficiencias de algunas paradas —falta de señalización, escasa iluminación y mobiliario—, estas discontinuidades persisten incluso en las conexiones estructurales del sistema de transporte. En sectores alejados de los ejes principales, estas carencias impactan la movilidad cotidiana, especialmente en áreas internas del barrio menos visibles o conectadas. ¿Qué implica, en términos de justicia urbana, caminar veinte cuadras en condiciones precarias para alcanzar un nodo ferroviario? ¿Hasta qué punto puede hablarse de integración suprabarrial si el acceso efectivo sigue siendo desigual y condicionado por barreras físicas y simbólicas?

La integración no debe medirse solo por la presencia de infraestructura, sino por su accesibilidad real, la continuidad de los trayectos y la experiencia vivida de quienes los transitan. Pensar la conectividad suprabarrial exige asumirla como parte del derecho a la ciudad, y no como un dato técnico de movilidad.

Escala suprabarrial | espacios de relación

La vinculación del barrio con redes mayores de espacios públicos está condicionada por infraestructuras viales de gran porte. La Autopista Acceso Oeste, si bien actúa como corredor estratégico de conectividad regional, opera también como barrera física y simbólica que interrumpe la continuidad peatonal hacia el sur. En este contexto, los pasos peatonales de Coliqueo y Roque Pérez resultan vitales para articular el barrio con su entorno expandido.

Dentro del radio de veinte minutos a pie, al sur, se encuentran plazas como Don Eloy Iglesias, Manuel Belgrano y Alfredo Longo, ubicadas en el tejido de Villa Sarmiento. En cambio, hacia el norte no se identifican plazas ni parques públicos, lo que profundiza una asimetría territorial y restringe las posibilidades de integración. En este contexto, la oferta de espacios de relación en esta escala resulta limitada y poco diversa, aunque conserva un valor significativo. Algunos lugares mantienen memorias locales o trazas históricas, funcionando como hitos simbólicos. Estos espacios, aunque discretos, sostienen formas de pertenencia que desafían tanto la fragmentación impuesta por las infraestructuras como el abandono estatal. ¿Qué significa habitar un territorio cuya memoria se resiste al olvido? ¿Cómo valorar esos espacios que, sin mobiliario ni programa, siguen siendo umbrales de la experiencia barrial?

La historia del barrio y su geografía afectiva (Seamon, 2015) se configuran como recursos esenciales para sostener la sociabilidad urbana más allá de las barreras físicas. Aun en condiciones desiguales, estos fragmentos del espacio público permitirían reponer un sentido de continuidad territorial desde el habitar cotidiano.

DISCUSIÓN

La herramienta ensayada permitió visibilizar escalas y dimensiones habitualmente excluidas por los enfoques urbanísticos convencionales, como advierten Muxí (2013) y Ciocoletto (2014). Al distinguir entre equipamientos cotidianos de escala barrial y suprabarrial, emergen contrastes significativos en términos de accesibilidad y redes de cuidado. Lo mismo ocurre con el transporte: la conectividad estructural no garantiza equidad en la movilidad. Como señalan las autoras, no se trata solo de infraestructura, sino de trayectorias cotidianas, vínculos y subjetividades. ¿Qué trayectos implican autonomía? ¿Cuáles se evitan por inseguridad o deterioro? Rehabilitar exige atender estas capas de la experiencia vivida. En sintonía con el colectivo feminista Punt 6, resulta indispensable visibilizar los espacios de cuidado y los circuitos sostenidos por mujeres, que conforman la base material del habitar.

Más que una herramienta cerrada, la Plataforma Crítica del Habitar se plantea como un dispositivo en construcción, cuyo valor reside en articular datos técnicos con categorías propias de la vida cotidiana. En este cruce, lo cartográfico deviene herramienta crítica, capaz de ampliar los modos de diagnóstico e imaginar nuevas formas de intervención. No se trata de una grilla mecánica, sino de un marco flexible, adaptable a cada caso. Su potencia radica en entrelazar escalas, visibilizar tramas ocultas y, sobre todo, en recuperar —como propone este trabajo— un espesor relacional del habitar cotidiano.

Cabe señalar que algunas de estas interpretaciones trascienden el marco de la lectura espacial inicialmente propuesta, y se incluyen aquí como aproximaciones que enriquecen el análisis, pero que deberán ser profundizadas en investigaciones futuras orientadas a un abordaje integral del habitar.

En este sentido, los hallazgos permiten también revisar y enriquecer categorías teóricas desde una clave situada. La noción de “urbanización monofuncional” (Muxí, 2013) advierte sobre los límites de aquellos conjuntos compuestos exclusivamente por viviendas, sin mixtura funcional ni equipamientos. Diversos informes institucionales (OPISU) y aportes académicos (Ynsfrán, 2022) han caracterizado al Barrio Carlos Gardel como un bloque homogéneo, en función de su morfología edilicia compacta, la repetición tipológica y su configuración como enclave delimitado. No obstante, esta imagen externa no agota la complejidad del habitar. Como advierte González Carvajal (2008), “el barrio son los vecinos”, poniendo de relieve que, más allá de la homogeneidad arquitectónica, existen diferencias internas, múltiples identidades y prácticas cotidianas que cuestionan la idea de una mirada uniforme. En este marco, el caso analizado muestra que, incluso en ese contexto, emergen usos diversos como resultado de apropiaciones vecinales y respuestas espontáneas al entorno próximo. Estas prácticas, sostenidas por vínculos comunitarios, complejizan la lectura del conjunto y revelan una producción social del espacio que trasciende la lógica proyectual. A su vez, la lectura por trayectos cotidianos materializa las advertencias de Ciocoletto (2014) sobre los límites de una planificación centrada en la infraestructura y no en las experiencias reales de movilidad. Finalmente, en diálogo con las propuestas del colectivo Punt 6, el análisis evidencia cómo los espacios de cuidado, muchas veces invisibilizados, estructuran el habitar más allá del diseño urbano-arquitectónico.

CONCLUSIONES

Este trabajo permitió construir una lectura situada del habitar cotidiano en una urbanización de producción estatal, reuniendo fragmentos dispersos —trayectorias de movilidad, accesibilidad a equipamientos, apropiación del espacio público— en un mapa más complejo del territorio. A partir de ese enfoque, se abrieron preguntas proyectuales orientadas a futuras intervenciones sensibles a la experiencia concreta de quienes habitan.

Podemos sintetizar las conclusiones en dos aportes clave:

Uno: el análisis realizado confirma que el Barrio Carlos Gardel no constituye un bloque homogéneo, sino que revela tensiones, diferencias y apropiaciones diversas que complejizan cualquier abordaje parcial. La cercanía a centralidades urbanas, como Ramos Mejía o El Palomar, convive con obstáculos físicos, simbólicos y sociales que fragmentan la vida cotidiana. Lejos de la uniformidad, el barrio es un espacio en disputa, donde los sentidos del habitar se construyen en tensión entre el legado estatal y las prácticas sociales que lo resignifican cotidianamente. Esta complejidad impugna cualquier diagnóstico simplificado y exige intervenciones capaces de leer lo micro, lo intersticial, lo relacional.

Dos: el caso evidencia que rehabilitar no puede entenderse como una mera acción técnica de mejoramiento físico. Intervenir en el hábitat supone una estrategia compleja que articule espacio, derechos y ciudadanía. Las problemáticas habitacionales se entrelazan con factores estructurales —desocupación, inseguridad, violencia— que no se resuelven exclusivamente con infraestructura.

La experiencia del SUVAP deja como enseñanza la necesidad de acompañar la intervención urbana con políticas activas de empleo, formación e inclusión social: un desafío vigente para el Estado. Rehabilitar, entonces, implica mucho más que construir; requiere activar redes, sostener dinámicas participativas y garantizar condiciones que no reproduzcan situaciones de vulnerabilidad. Porque el Estado no actúa sobre una superficie neutra, sino sobre territorios vividos, cargados de sentidos, donde cada decisión proyectual incide en los vínculos entre las personas y su entorno. Se prevé validar la Plataforma mediante mapeos colaborativos y saberes locales, y aplicarla en otros conjuntos estatales, fortaleciendo el vínculo entre análisis proyectual y políticas de rehabilitación.

Por último, el desafío que se proyecta hacia las políticas de rehabilitación coincide con el punto de partida de este trabajo: ¿cómo construir lecturas integrales del territorio que reconozcan la complejidad de las múltiples territorialidades que coexisten en las urbanizaciones populares?

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Cuaderno Urbano Nº43 | Año: 2026 | Vol. 43

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